• Caracas (Venezuela)

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José Domingo Blanco

¡Pero dime algo bueno!

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Atendiendo a las sugerencias de algunos lectores que se han comunicado conmigo para exhortarme a escribir cosas positivas y esperanzadoras sobre el país, decidí aceptar lo que para mí, en este momento, constituye un verdadero reto. Y comencé a buscar esas noticias o situaciones de las cuales los venezolanos pudiéramos sentirnos muy orgullosos. Debo confesarles que, en un principio, luego de someterme a un repaso mental de los acontecimientos, mis resultados no fueron nada alentadores. Y eso me alarmó. Pero, como no podía darme por vencido tan rápidamente, decidí que lo más prudente –y más objetivo- sería preguntar entre mis allegados, conocidos y amigos para que fuesen ellos y no yo, quienes dijeran las cosas que los hacen sentirse orgullosos del país y de nuestro gentilicio.

Así, con ese nuevo propósito, y la finalidad de brindarles a todos una lectura llena de optimismo, me lancé a la tarea de realizar una pequeña encuesta, para comprobar si mis “sensaciones” tenebrosas y oscuras del país eran tan solo un asunto de percepciones sesgadas, producto del Imperio Yanqui, capaz de torcer el rumbo feliz, de una nación que ocupa en ese ranking, los sitiales de honor.

Sin preámbulos ni introducciones, comencé a preguntarle a la gente que conozco, y a los que no también, cuáles cosas, en este momento, les hacen sentirse orgulloso de Venezuela. La verdad, no me sorprendieron las primeras reacciones que obtuve: caras de asombro, sorpresa, pensativas y silenciosas fue lo que abundó durante mi cuestionario improvisado y para nada apegado al método científico. La pregunta “los dejaba en el sitio”. Es más, debo confesarles que, con la mayoría de las respuestas de mis “consultados”, me entraba un fresquito al comprobar que no soy el único que siente que en el país no existe nada con lo que pudiésemos presumir ante el mundo hoy día. Me sorprendió constatar, por ejemplo, que nadie mencionó, como en otras ocasiones, los clichés de siempre. Ya ni siquiera el Miss Venezuela salió a relucir. La gente se quedaba pensando, largo rato, dándole un repaso mental a la lista de cosas, para intentar enumerar aunque fuera un buen atributo…Pero, nada. No había nada. No se les ocurría nada…No encontraban nada.

Para no darme por vencido, en mi afán de búsqueda de buenas y enaltecedoras noticias –que, estoy de acuerdo, nos hacen falta a todos– reformulaba la pregunta. Algunos, nacidos en otras naciones pero con muchos años en Venezuela, insistían que este sigue siendo el mejor país del mundo porque “además de sus paisajes hermosos, aquí reina la anarquía y todos pueden hacer lo que les da la gana”. Triste realidad, que sólo aprecian quienes vienen de cumplir en sus países de origen con las normas y leyes que los obligan a comportarse como debe ser.

Otros, después de mucho cavilar, sacaron a relucir a nuestros peloteros en las grandes ligas. Y es verdad. Esos muchachos han sabido llevar las camisetas de los Tigres de Detroit, Medias Blancas de Chicago, Cerveceros de Milwaukee, Yankees de New York y los Mets de ídem ciudad, poner el nombre de sus equipos en alto… En cada uno de esos equipos americanos hay, por lo menos, un venezolano que está destacándose…pero, allá, en el norte. En el país de Obama. En el Imperio desde donde, según Maduro, se gesta la escasez y el bachaqueo que padecemos.

La misma persona que recordó a los grandes ligas, se atrevió incluso a mencionar a Pastor Maldonado y Ruben Limardo; pero, luego, otros de los que escuchaban sus respuestas, le refutaron esas nominaciones porque afloraron las vinculaciones con el régimen de ambos deportistas y, por ende, eso les hacía perder méritos. Ni siquiera la medalla de oro de Limardo en la esgrima, lo salvó de la exclusión de la lista de “Motivos para sentirnos orgullosos de Venezuela”. "Ese muchacho va como diputado por el PSUV, y ya vemos lo que pasa cuando se mezcla deporte y política".

Pero, mí encuestado, el optimista, insistía: "quítense los lentes políticos para que vean que sí hay cosas buenas. Si no son los deportistas, piensen en los rones venezolanos. El chocolate. Esos ganan concursos internacionales y su calidad no tiene nada que envidiarle a los mejores del mundo. Piensen en El Sistema, esos músicos que en cualquier escenario que pisan, dejan el nombre del país en el alto”. Y tuve que concederle razón, aunque al rato me contó que en días pasados, un motorizado armado, lo “conminó” a entregarle el reloj… ¡Ah, esas paradojas de la venezolanidad!

Sin embargo, la respuesta más interesante la recibí de alguien que, sin titubear, me dijo: “para que puedas sentirte orgulloso del país en este momento, tienes que volverte chavista, pensar como chavista, vestirte como chavista. Entonces, solo en ese instante, comenzarás a ver cosas buenas en Venezuela. Habla con un chavista para que veas que la Venezuela de ellos no está jodida. En la Venezuela donde ellos viven, no hay escasez, ni malandros, porque están disfrutando de todo lo que este régimen les provee. Y el régimen les provee el caldo de cultivo perfecto para que la vagabundería, la flojera, la viveza, la trampa prolifere. Ya no es un asunto de que tenemos un clima maravilloso y unos paisajes perfectos. De qué nos sirve tenerlos si no podemos salir a disfrutarlos, si no es por costoso, es por el estado deplorable de las carreteras y si no es por las carreteras, es por el temor a que te maten en ellas. Este país está jodido Mingo. Y si quieres sentirte orgulloso de él, la única solución es esa: métete a chavista”.

 

mingo.blanco@gmail.com

@mingo_1