• Caracas (Venezuela)

Opinión

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Frente al dilema: ¿civilización o barbarie? la gran misión de la humanidad en este milenio es concretar una unidad planetaria en la diversidad. Es superar las dificultades y obstáculos que se oponen a que la humanidad se constituya en humanidad. La tarea es formidable, especialmente si tomamos en cuenta que habría que comenzar por asegurar, para todos y como prioridad material, por ejemplo, el acceso al agua potable y al saneamiento ambiental, a los alimentos, a la energía; y como prioridad moral: el acceso a la asistencia médica, a la educación, y la reducción de la violencia, la subordinación y la humillación que sufre una buena parte de la población mundial.

Por primera vez en la historia de la humanidad la posibilidad de lo universal ha comenzado a concretarse como consecuencia de diferentes eventos: a) la consciencia de que la amenaza de extinción de la humanidad por la crisis ecológica ya no es retórica; b) la consciencia de que la crisis socio-económica mundial, afecta, ahora y en el futuro inmediato, el desempeño de nuestras economías locales y la dinámica de nuestras sociedades; c) la consciencia de que somos una comunidad mundial que comparte un mismo origen y un mismo destino; d) la existencia de una extensa y diversa red de intercomunicaciones y difusión de información que nos da acceso, en tiempo real, a lo que ocurre en el planeta, especialmente con su efecto de visualizar la barbarie (guerras mercenarias, la amenaza de terrorismo nuclear, el narcotráfico, el tráfico de personas, las hambrunas, el desempleo, la pobreza y la violencia en todas sus formas); e) el fortalecimiento de las redes de interacción social, inicialmente dependiente de las ONG ambientalistas y de defensa de los derechos humanos, y ahora ampliada por las organizaciones comunitarias que surgen como nuevos actores sociales.

Empieza a construirse una cierta intersolidaridad objetiva de la humanidad, en la que cada quien comprende que el destino global influye en el destino singular de las naciones y sus sociedades, y que los destinos singulares de naciones y pueblos perturban o modifican el destino global, para bien o para mal. Se ha instalado, pues, una suerte de bucle recursivo en el que las acciones de cada uno (persona, comunidad, sociedad, nación) son a la vez causa y efecto, productor y producto.

Como sabemos, las situaciones de crisis son favorables tanto a la toma de consciencia como a los procesos de transformación. Estas pueden favorecer la propagación rápida de las ideas transformadoras y pueden abrir formidables posibilidades al proceso de diseño y construcción de una comunidad humana planetaria, de una sociedad-mundo reformulada en términos sociales, económicos, culturales y éticos. Podrían contribuir a hacer de nosotros seres civiles, cívicos, civilizados. Podrían suscitar una nueva mentalidad, nuevos modos de pensar y actuar, una corriente de tolerancia, solidaridad, comprensión y compasión en el mundo; un nuevo aliento, no para un “progreso” prometido, sino para un progreso posible, sustentable y éticamente fundado. Pero también para afrontar con éxito las regresiones de consciencia y las soluciones ilusorias que los que se han beneficiado del “orden establecido” puedan ofrecernos; pues las grandes crisis son también portadoras de grandes peligros.

En todo caso, la ruta será dura, aleatoria y probablemente larga.

Así pues, la humanidad y el mundo se debaten hoy en medio de la barbarie de las relaciones humanas, de estructuras sociales obsoletas, de modelos económico ecodepredadores y alienantes y de modos de pensar simplificadores, propensos a la ilusión y el error; pero al mismo tiempo nos encontramos ante la posibilidad esperanzadora de avanzar hacia una transformación sin precedentes en la historia y que abarca todos los ámbitos de la vida humana. Hemos acumulado conocimientos que nos acercan a la comprensión de nosotros mismos y del mundo-universo que habitamos, si bien aún nos falta sabiduría. Están sobre la mesa propuestas innovadoras, creativas e inteligentes. Podemos, entonces, comenzar a armar el rompecabezas.