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Carlos Sánchez Berzain

¿Las dictaduras se caen?

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El primer aniversario de la “muerte oficial” de Hugo Chávez celebrado en Caracas este 5 de marzo, puso en evidencia la crisis de las dictaduras del socialismo del siglo XXI.

Los dictadores de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua no pueden seguir aparentando democracia con los perseguidos, presos y exiliados políticos que tienen, no engañan ya a nadie con el control total los poderes y órganos del estado, está probada su manipulación de la justicia, están acosados por las violaciones a los derechos humanos, a la libertad de prensa y a la libertad de expresión. Pero sobretodo están cada vez más solos.

La dictadura cubana que ha instituido y se beneficia del “imperialismo castrista”, es despreciada por los pueblos de las Américas que denuncian su intervencionismo.

El pueblo cubano asolado por la miseria se expresa con más fuerza, ha roto la censura comunicacional impuesta por el castrismo y gracias a la revolución tecnológica vemos hoy los abusos de la dictadura en tiempo real y en todo el mundo.

El castrismo tiene crisis económica, social y trata de contener desesperada y violentamente la crisis política que inevitablemente devolverá democracia los cubanos. La dictadura venezolana que sostiene económicamente a Cuba está quebrada.

La economía de Venezuela está destrozada y ha generado la crisis social y política que ha llevado al pueblo a las calles, desnudando al dictador, a sus mandantes cubanos y su gobierno títere.

Maduro va perdiendo el control, tiene manifestaciones permanentes en las calles, reprime violentamente, expulsa a la prensa, va perdiendo el control internacional y cuando invita a celebrar el primer año de la oficialización de la muerte del dictador Chávez sólo es visitado por parte de los dictadores, ni siquiera por todos. Los líderes democráticos ya se han alejado de esa farsa.

La señal es clara, la dictadura venezolana se está cayendo, no de madura sino de podrida y está arrastrando a todo el proyecto dictatorial de la región.

La dictadura ecuatoriana de Rafael Correa está en crisis y tratando de marcar distancia con Maduro. Ha sido puesta en evidencia por entidades como Human Right Watch y por el Departamento de Estado con informes que denuncian las violaciones de derechos humanos y prácticas no democráticas.

Jueces americanos, en diversos procesos, han emitido resoluciones probando que los jueces ecuatorianos son hoy sólo una tecla del poder político de Correa. La dolarización que ha mantenido la estabilidad económica es ahora un chaleco de fuerza; el gobierno no puede emitir, no tiene crédito, la falta de liquidez y la falta de ejecución presupuestaria es solo el primer atisbo de crisis en un país con rasgos de bonanza.

Correa acaba de ser derrotado estrepitosamente en las elecciones municipales y regionales que planteó como un referéndum de su gestión y en las que él fue el jefe de campaña; ni el control de los órganos electorales y de los medios, ni el fraude evitaron la derrota de Correa, que sin duda marca el principio del fin.

La dictadura en Bolivia prepara la farsa electoral para la reelección de Evo Morales. Se le ha caído la máscara “indigenista” y es “cocalera”. El crecimiento de la producción de coca y de cocaína que inundan a Brasil, Argentina y Europa, marcan cada vez más al gobierno.

La popularidad del dictador cocalero baja y el control del gobierno por cubanos es cada vez más notorio. El Parlamento Europeo y organismos de derechos humanos piden cuentas a Morales por parte de los crímenes que ha cometido en su gobierno.

El estatismo centralista, la corrupción y el despilfarro, sumados a la dependencia de la exportación de solo dos productos tradicionales, anticipan una crisis económica que ya viene. Morales sabe que depende de la suerte de Maduro y de Castro y asiste dócil a la celebración de Chávez.

La dictadura en Nicaragua acaba de sellar un golpe de Estado con el cambio de la Constitución para permitir la reelección indefinida de Daniel Ortega, pero parece amenazada por la salud de su caudillo.

Sin embargo –como confesión de la crisis del grupo- Ortega parece tomar medidas frente a la caída del proyecto del socialismo del siglo XXI. Es el único país del grupo que integra la Alianza del Pacífico con Estados Unidos y se ha alejado discretamente del discurso antiimperialista de sus socios.

Este escenario anticipa que no habrá celebración del segundo aniversario de la muerte oficial de Chávez por los dictadores del siglo XXI.