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Eduardo Mayobre

La dictadura militar

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Hoy, 22 de febrero, la Fundación Rómulo Betancourt presenta 3 libros de la serie antológica Historia Contemporánea de Venezuela. Uno de ellos se titula La dictadura militar 1948-1958. Me correspondió escribir el texto introductorio. Los otros dos son: La disputa de la independencia en Venezuela, 1815-1821 de Germán Carrera Damas; y Venezuela, 1861- 1936. La era de los gendarmes de Tomás Straka. Me enorgullece estar en tan ilustre compañía. La fecha de la presentación no es casual. Corresponde a los 105 años del nacimiento de Betancourt, a quien Carrera Damas caracteriza como el padre de la democracia en Venezuela.

Menciono en primer lugar el libro sobre la dictadura militar porque su tema está más cerca en el tiempo y en la experiencia reciente de los venezolanos. En mi escrito intento describir los diez años de autoritarismo y personalismo que interrumpieron el avance de Venezuela hacia la democracia. Debido al carácter de la colección, me guió el propósito de mantener la objetividad y un enfoque didáctico y no incursiono en las causas y significados de la dictadura que nos tocó padecer en esos años. Pero la aspiración es provocar un debate al respecto.

La colección abarca los dos primeros siglos de la república y tiene como propósito “promover y difundir un conocimiento intelectualmente crítico de la historia política del país”. Por ello sus libros, que contienen una breve antología de documentos importantes del período al cual se refieren, constituyen una invitación a pensar y repensar la realidad nacional. No pretenden sentar cátedra y están lejos de cualquier tentación de aferrarse a dogmas o prejuicios.

Germán Carrera, que es probablemente el historiador activo más respetado de nuestro país, por ejemplo, incita a la discusión mediante afirmaciones tan provocadoras como llamar al Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, “general colombiano, nacido cumanés”, lo que sin duda le traerá problemas en Cumaná, donde él mismo nació.

Dentro de ese enfoque abierto, pero en ningún caso neutro, la dictadura militar 1948-1958 resulta particularmente relevante para las preocupaciones actuales de los venezolanos. Porque a diario nos preguntamos si estamos padeciendo una dictadura. Y de seguidas, si la respuesta es afirmativa, si acaso se trata de una dictadura militar. La experiencia de mediados del siglo pasado no nos da la respuesta, menos aun el libro que prologo. Pero nos puede servir de referencia.

Si aceptamos la definición según la cual “dictadura es la sujeción del Estado a una personalidad dominante cuya voluntad se hace ley”, el asunto resulta todavía más vigente. Porque aparentemente dicha personalidad no tiene ahora la capacidad física de ejercer actos de voluntad. De tal manera que sus dictados son interpretados y llevados a la práctica por terceros en disputa, quienes no se someten a las leyes formales y a la vez son incapaces de invocar su propia voluntad como fuente de legitimidad de sus actos.

Más problemática aun es la caracterización del actual régimen como dictadura militar. Aunque la mayoría de sus personeros son o han sido militares, el Gobierno no actúa en nombre de las Fuerzas Armadas, como pretendió ser el caso en la década 1948-1958. Se supone que su poder emana o bien del líder, cuya voluntad se inclina por otorgárselo a antiguos compañeros castrenses, o bien de un pueblo que por razones contradictorias con su idiosincrasia preferiría a los hombres y los hechos de armas.

Una dictadura militar sin dictador actuante y que no representa la voluntad institucional de las Fuerzas Armadas resulta algo difícil, aunque no imposible, de comprender dentro del mosaico de dictaduras que han plagado la historia de América Latina y Venezuela. A algunas de ellas se refieren los otros dos libros presentados.

La dictadura militar 1948-1958, que primero pretendió ser transitoria y luego aspiró a hacerse permanente y además comenzó como un acto institucional de las Fuerzas Armadas para derivar en la sujeción a la voluntad personal de un general de opereta, es un antecedente importante para intentar comprender una realidad actual que no es ajena a las tradiciones hispanoamericanas y, sin embargo, resulta una anomalía en el presente devenir histórico del continente. Su apego a la única dictadura personalista con prosapia que aun subsiste en el hemisferio occidental, la de Cuba, quizás permitiría una comparación, aunque en ningún caso una asimilación, entre ambos fenómenos.

Un repaso de la última dictadura propiamente militar que vivió Venezuela quizás pueda darnos luces para entender el autoritarismo incomprensible que hoy nos toca vivir.