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Cristóbal Guerra

La diáspora de la pretemporada, y dos libros duros

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Estados Unidos es invadido. Y no estamos hablando del argumento de una película de ciencia-ficción, sino de la cantidad de equipos que, por estos días, hacen sus pretemporadas en los estadios del norte. Real Madrid, Manchester United, Arsenal, Barcelona, Roma, Manchester City, Liverpool, Olimpiakos, tantos otros. Hay razones. Razones de peso y de dólares, de intereses mutuos. Los empresarios estadounidenses han conseguido una veta sin fondo en llevar a clubes de fama y talante para llenar los estadios, y, en paralelo, las famosas camisetas aprovechan no solo para hacer los ajustes necesarios en los arranques de sus campañas, sino para comenzar a llenar las arcas, algunas veces vacías. Por ejemplo, el Real Madrid compró al colombiano  James Rodríguez por 100 millones de dólares, y al alemán Toni Kroos por otros 20. Para resarcir tales cantidades de plata, vendió a Ángel di María por 80 millones de dólares, y espera, con su pasada por Nueva York y otras ciudades ávidas de fútbol, recaudar la diferencia. El fútbol, valga el momento para recordarlo, no es negocio en sí mismo, a la usanza antigua; es decir, venta de boletos y la radio. Es rentable cuando los equipos se valen de publicidades, de los derechos de televisión, de giras como estas por grandes ciudades de Estados Unidos (y China y Canadá, que también tratan de meterse en el mercado mundial). Por eso se explica que los estadios contemporáneos sean de menos aforo que los antiguos, y ahí está el Maracaná para explicarlo gráficamente: construido a fines de los años 40 para el Mundial del 50, albergaba a 200 mil aficionados en sus graderíos, muchos de ellos de pie. Constantes reformas lo fueron reduciendo, hasta llegar a lo actual: 78 mil lugares en sus ahora cómodas tribunas, todos sentados. Esto explica que la taquilla sea cada vez menos trascendente, pues ahora las miradas de la gente que maneja el fútbol están enfocadas en otros ingresos…

Un día de esta semana, curioseando en nuestra biblioteca (en la sección dedicada al fútbol), nos topamos con un libro que se nos había perdido en el tejemaneje de las lecturas cotidianas. El fútbol es así, es el título del texto en el que Simon Kuper y Stefan Szymanski dedican a varios temas de las canchas, especialmente al económico. Y ahí conseguimos vinculación con lo que antes comentamos: el negocio que hay dentro de este deporte. Además, sumergidos en sus páginas, encontramos afirmaciones inesperadas “como El país que más ama el fútbol”, con datos, aclarado por los autores, no siempre confiables. Esa estadística explica el ascenso de Costa Rica en el panorama universal, pues aparece, con 27%, como el país con el porcentaje de población que más juega al fútbol, seguido, con siete puntos menos, por Alemania… 

Y, siguiendo con libros que nos resultan interesantes, conseguimos en Brasil, en los días mundialistas, Corta para mim, del periodista Marcelo Rezende, en el que se abordan diversas investigaciones hechas por el autor. Dos de ellas guardan relación con el fútbol, porque descubren las trapisondas y tramoyas  de Ricardo Texeira y Eurico Miranda, jerarcas de la Confederación Brasileña de Fútbol, y hombres influyentes en decisiones de la omnipresente y poderosa FIFA. Rezende, avezado jornalista de periódicos y televisión, hila fino y deja al descubierto las fortunas derivadas de los negociados futboleros de los dos personajes. Vale la pena leerlo, aunque, como está escrito en portugués, no ha de ser fácil que algún editor lo publique en Venezuela y en idioma castellano. Nos vemos por ahí.