• Caracas (Venezuela)

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Héctor Faúndez

¡Diez días!

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Como consecuencia del fallecimiento del Presidente de la República, el CNE ha convocado a nuevas elecciones presidenciales, que tendrán lugar el 14 de abril próximo. Faltando más de un mes para la celebración de esos comicios, el CNE dispuso que la campaña electoral previa tendrá una duración de sólo diez días. Sólo diez días para presentar al país distintas visiones del tipo de sociedad que queremos.

En unas elecciones extraordinarias, como esta, convocadas con tan corto tiempo, resulta comprensible que la campaña electoral sea breve; pero, teniendo en cuenta que el oficialismo proclamó su candidato el 8 de diciembre pasado, el cual, desde ese momento, ha estado activamente en campaña, inaugurando “obras” o lo que sea, no resulta sencillo explicar por qué el candidato de la oposición debe limitar la suya solamente a diez días. El duelo oficial, los largos funerales, la presencia de invitados extranjeros, la manipulación de las exequias, de la imagen y de la voz del presidente fallecido se utilizan como propaganda electoral; pero, por decisión del CNE, cualquier otra opción debe guardar silencio.

Hace días que, con el lenguaje procaz y amenazante que caracteriza a quienes carecen de ideas, el ministro de la Defensa llamó a votar por el candidato del Gobierno; de manera que resulta curioso (o tal vez no tanto) que el candidato de la oposición deba esperar hasta el 2 de abril para comenzar su campaña electoral.

Mientras la oposición ha guardado un silencio respetuoso durante el duelo decretado como consecuencia del fallecimiento del presidente de la República, la ministra Iris Varela afirma que “Chávez está encampañado”. Los dirigentes del PSUV no han perdido un instante para buscar votos, y para asegurar su continuidad en el ejercicio del poder. Ya aparecieron las franelas llamando a votar por Maduro. Pero Capriles debe esperar para hacer propaganda.

Si, con todos los recursos del Estado, en cadena nacional de radio y televisión, Nicolás Maduró lanzó oficialmente su campaña electoral el día en que se juramentó ante la Asamblea Nacional como “presidente encargado”, ¿por qué la propaganda del candidato de la oposición debería esperar hasta que al CNE le parezca apropiado? ¿Por qué la mitad del país debe guardar silencio mientras el Gobierno, haciendo uso y abuso de los medios radioeléctricos, difunde una propaganda electoral descarada?

Ante el descalabro de las finanzas públicas, la devaluación del bolívar no podía esperar; pero el nuevo paquete de medidas económicas sí tendrá que esperar, para no disgustar más a los electores. Y, con seguridad, por lo menos hasta el 14 de abril, el Gobierno hará todo lo necesario para combatir el desabastecimiento. Es cuestión de tiempo.

Es obvio que Maduro tiene el CNE, el TSJ, el Banco Central y Pdvsa al servicio de su campaña; también cuenta con una fuerza armada que debería estar al servicio del Estado y no de parcialidad política alguna, y a la que le corresponderá un papel fundamental el día de los comicios presidenciales. Con casi todos los medios de comunicación radioeléctricos a su favor, con todo el dinero del Estado, y con todos los funcionarios públicos que serán obligados a vestirse de rojo, a marchar y a votar, Maduro la tiene muy fácil. No cabe duda de que este será un combate desigual, entre el Goliat del oficialismo y el David de la oposición. Las cartas están marcadas por el abuso del poder; pero sólo votando podrá imponerse la alternativa democrática. No podemos desperdiciar la oportunidad de hacer oír nuestra voz, para optar entre dos tipos de sociedad y entre dos estilos de gobierno. Como ciudadanos, tenemos el deber de elegir entre uno u otro camino. Yo voto por una Venezuela con futuro.