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Andrés Cañizález

19 días decisivos

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Restan exactamente 19 días para el 7 de octubre. La cercanía del día de las votaciones le otorga a la campaña electoral presidencial un tono agónico. Dado el carácter de una pelea cerrada, voto a voto, que tendrán estas elecciones estaremos en los próximos 19 días en medio de una importante confrontación comunicacional. Presenciaremos estrategias diferentes pero que a fin de cuentas buscan inclinar la balanza de los indecisos, un asunto capital ya que cada uno de los dos principales candidatos ha asumido que sólo con su bastión tradicional de votos no podrá imponerse en las urnas.

Hugo Chávez sabe que sólo la movilización del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), y sus aliados de menor tamaño, no le garantiza el triunfo. Por eso lo hemos visto diciendo cosas ideológicamente contradictorias como que a los ricos y a la clase media les conviene su triunfo, o llorando abiertamente para conmover a los electores. Junto a ello se ha puesto en marcha una clara campaña negativa, con asuntos no ciertos o con la manipulación de otros que sí ocurrieron, que persigue básicamente identificar a Henrique Capriles Radonski con el pasado.

El dilema pasado/futuro, un asunto clave en las campañas electorales, le ha generado serias contradicciones al propio discurso y mensajes comunicacionales del jefe del Estado. Su prolongada permanencia en el poder sencillamente le ubica al mismo Chávez como parte del pasado, mientras que Capriles Radonski con sólo 40 años de edad y una enérgica e intensa campaña de contactos directos con la población es –sin duda alguna– la gran novedad de esta campaña. Capriles es lo nuevo, y eso le pesa de forma evidente al presidente Chávez.

La estrategia de Capriles Radonski, en tanto, busca en estos días finales vencer el miedo que pesa en algunos sectores, un asunto que el Gobierno atiza cotidianamente de forma directa o velada. La oferta del cambio, otro mensaje clave en toda campaña electoral, tiene peso en la medida en que el desgaste por la ineficiencia gubernamental lo ha puesto sobre el tapete. No se trata solamente de que esté presente en el discurso del aspirante opositor, sino que al país le ha tocado vivir situaciones que desnudaron o nos recordaron aspectos claves como mala gestión, ausencia de mantenimiento o carencia de planes de contingencia ante desastres.

El discurso de Capriles Radonski enfatizando aspectos concretos de la vida de las comunidades, pueblos y ciudades que visita no es otra cosa que un mensaje directo a los indecisos o incluso con un alcance mayor, pues puede conectarse con aquellos venezolanos que apostaron por Chávez en el pasado pero que hoy están sencillamente cansados o incrédulos.

En mi opinión, en estos últimos 19 días de campaña –determinantes desde todo punto de vista–, la prioridad comunicativa del mensaje de Capriles Radonski debe estar en lo social. El candidato de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) está obligado a reiterar que durante su gobierno se mantendrán las misiones que han funcionado en beneficio de la población, y que además se mejorarán dichos planes sociales, se les hará más eficientes y llegarán a todos los venezolanos por igual, sin discriminación política.

La campaña negativa desarrollada por el Gobierno en las últimas semanas, con un ritmo de un escándalo por semana, le quitó la iniciativa de la agenda a Capriles Radonski que debió colocarse a la defensiva. Fue la respuesta al ritmo de una discusión pública sobre la gestión gubernamental que había logrado posicionar el abanderado opositor previamente. El impacto que una cosa u otra tenga en los votantes difícilmente pueda pronosticarse, en este momento. Tendrá impacto en alguna medida, pero todo dependerá de lo que veamos en estos últimos 19 días de campaña.

Capriles Radonski tiene el desafío de mantener su foco, que hasta ahora ha sido exitoso si nos guiamos por el fervor que va levantando en sus múltiples recorridos, actos y concentraciones a lo largo y ancho del país. La estrategia de Chávez estará en desviar a su adversario de ese foco.