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Antonio Ecarri Bolívar

¿El diálogo como salida o como trampa?

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Desde que Chávez vivía he sido un pertinaz defensor de la necesidad del diálogo entre gobierno y oposición, por dos razones elementales: una, porque somos dos sectores enfrentados, casi del mismo tamaño, habitamos un mismo país y estamos condenados a continuar haciéndolo per saecula saeculorum. La otra razón, no menos importante, es que cuando no hay diálogo entre dos sectores tan grandes en conflicto, el desiderátum es el camino de la confrontación para ver cuál de los dos sectores queda eliminado de la faz de la tierra. Eso se llama guerra civil, aquí y en la Cochinchina. No creo que alguien, en su sano juicio, crea que eso sea lo conveniente. Aunque tengo el fundado temor de que existen unos cuantos energúmenos que la propician consciente o inconscientemente.

Ahora el tema que preocupa, aún más de lo normal, es el odio que ha venido siendo acumulado durante estos últimos 15 años por el mandatario fallecido y sus herederos, el que parece ha rendido sus frutos y, hete aquí cómo esa rabia acumulada en un sector opositor frustrado por las torpezas del régimen y las actitudes dubitativas de su liderazgo lo ha llevado a un radicalismo que no parece obedecer a ninguna línea política definida ni a ningún líder reconocido, y eso es preocupante por sus anárquicas consecuencias.

El gobierno ha lanzado la propuesta de una conferencia permanente de paz, pero la duda surge habida cuenta de las malas experiencias que hemos tenido los opositores con los “propósitos de enmienda” de este gobierno embustero. Entonces, uno se pregunta si ha llegado el momento de las rectificaciones o es otro ardid, otra estratagema de los capitostes del régimen para salvaguardar sus ilustres testas coronadas, en vez de rectificar sus políticas desahuciadas.

He aquí el meollo del asunto, por lo cual la MUD aún no ha colocado sus ilustres posaderas en la mesa de diálogo del régimen, pues no tiene claro si este gobierno solo quiere salvarse de esta dificilísima coyuntura y seguir con su equivocada política. Dicho en otras palabras, más al gusto de personeros marxistas, se quiere saber si su estrategia es la vieja argucia leninista, de dar un paso atrás para dar luego dos adelante en su necio empeño de encasquetarnos, a juro, su cacareada hegemonía ideológica; o si ahora, por fin, se dieron cuenta de que el camino que llevan es suicida y prefieren hacer lo que les pide a gritos casi toda Venezuela: ¡rectificar!

Oyendo a Diosdado Cabello, que es al que se le debe hacer más caso por su indudable poder económico y de fuego, en lo interno del gobierno, uno duda de que el camino sea a la rectificación. Ni se diga si uno le pone atención a la señora Blanca Eekhout o al antiguamente sensato amigo Aristóbulo Istúriz o al inefable alcalde de Caracas, pues con estos líderes uno llega a la terrible conclusión de que este gobierno solo quiere ganar tiempo sentándose con unos ingenuos que les van a creer sus peroratas de paz. Es que hasta el novísimo programa de Diosdado en VTV, Con el mazo dando, delata las intenciones subyacentes del régimen, es decir, “a Dios rogando, en las conversaciones de paz y... con el mazo dando” en la calle para someternos, a juro y a palos, a su política hegemónica.  

Lo que parece que no entiende el gobierno es que la protesta que ha habido hasta ahora, y las que vienen, serán cada vez más frecuentes, y lo serán por su desacertada política económica que ha hundido a Venezuela. Esto apenas comienza, pues si no hay rectificaciones de fondo y estas conversaciones de paz son solo argucias retóricas para extender la arruga de las protestas, no van a lograr sino que se multipliquen. Porque al mantener este rumbo de la economía vendrá mayor desabastecimiento y la temida estanflación, es decir, el peor de los dos mundos: dentro de una situación inflacionaria como esta, se produce un estancamiento de la economía y el ritmo de la inflación no cederá.  En esa coyuntura, hasta las madres y cónyuges de nuestros gobernantes saldrán a la calle a protestar.

En definitiva, han llegado, señores del gobierno, a la encrucijada crucial: o ustedes insisten en esta política económica que les ha dado frutos políticos a cambio de arruinar a la nación o rectifican para torcerle el rumbo a este anticapitalismo decimonónico que no tiene presente y mucho menos futuro. Desde AD no planteamos el liberalismo, igualmente atrasado del siglo XIX, sino una economía mixta que estimule al sector privado sin permitir monopolios ni oligopolios. Si no rectifican este modelo centralista y totalitario de Estado, se encontrarán con una oposición unida y en la calle. Qué digo oposición, se encontrarán con todo un pueblo que pedirá sus cabezas y, como diría Llovera Páez… ¡pescuezo no retoña!

Ustedes tienen la palabra. Y la palabra de orden no es diálogo sin rectificación, sino rectificación para que pueda haber diálogo. Así, ustedes mantendrán sus pescuezos en sus sitios y nosotros viviremos en el país que queremos, en paz y en democracia, aunque sigan, por ahora, en el gobierno. Esta es la salida: con diálogo y sin trampa.