Día del trabajo en libertad
1 de mayo 2013 - 00:01
Por encima de todos los cambios socio-históricos, guardan vigencia perenne los tres grandes principios, ya esbozados por los pensadores de la antigüedad y luego formulados con precisión por la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad. La experiencia histórica mundial, regional y venezolana nos enseña que, de estos tres valores fundamentales, el de la libertad es prioritario y que, sin ésta, ni la igualdad (o justicia social) ni la fraternidad (solidaridad nacional e internacional) son realizables. Burguesías y clases populares tienen igual interés primordial en la existencia de un marco pluralista y tolerante que les permita formular sus respectivos proyectos y competir por la realización de los mismos. La existencia de un régimen bonapartista (sea de corte fascista o estalinista) significa en todo caso el retorno a una situación de absolutismo preliberal, premoderno, preburgués y, por ende, presocialista.
Un ensayo político-social como el chavista, que pretende (con sinceridad o sin ella) elevar el bienestar y la dignidad del pueblo llano, está condenado a fracasar y a convertirse en factor de opresión y de retroceso histórico por el mero hecho de centralizar al máximo el poder político en las manos de un caudillo supremo rodeado de (y cada vez más manipulado por) una gavilla de grupos sociales reaccionarios y opresores: ideólogos oficiales transformados en “nomenklatura” burocrática, “boliburgueses” corruptos y gorilas militares igualmente corruptos. Cada vez más disminuidos en influencia se encuentran en el seno del oficialismo los socialistas sinceros, que de verdad creyeron que el centralismo y el culto a la personalidad eran males “necesarios” y “temporales”. A estos últimos los invitamos a un diálogo franco y reconciliador.

