• Caracas (Venezuela)

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Luis Ugalde

Zanahoria y garrote

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Así pensó el gobierno: a estos niñitos blanquitos y sifrinos los metemos en cintura con un poco de garrote y mucha zanahoria; adelantamos el Carnaval regalándoles dos días más de fiesta, disfraces, papelillo y playa. Pero no resultó, pues fracasa quien infravalora al adversario. Fracasó por demasiado infantil. Fracasó también el cuento del lobo feroz del golpe de Estado, cocinado y dirigido por el imperio y Uribe. La gran mayoría no se lo cree, aunque es obvio que Uribe y ciertas esferas estadounidenses celebrarían la caída del gobierno venezolano.

Llama la atención que hasta sesudos analistas cayeron en la simpleza de devaluar las protestas porque se limitaban a estudiantes y clase media. Los marxistas saben que de esos sectores y actores sociales se nutre la “vanguardia del proletariado” y que Lenin y Trotsky no eran vendedores ambulantes de Carapita. ¿Pero, acaso Bolívar, Sucre, Miranda y José Félix Ribas eran peones de las haciendas de Panaquire, y el Che Guevara y Castro guajiros cortadores de caña? ¿El Carnaval de la Generación del 28 que sembró el fin de la dictadura gomecista (aunque el desenlace tardara una década) no fue obra de pocas decenas de jóvenes privilegiados acompañados con menos de 1.000 universitarios? Una cosa es quién activa el detonante, y otra qué malestar encarna esa protesta y de qué esperanza nacional está preñada.

La táctica de que el agua y las bombitas de Carnaval son nuestras primeras necesidades “revolucionarias” no apagó el fuego de la protesta, y el gobierno decidió radicalizar la represión con el chorro violento de la “ballena” y del “rinoceronte”, las bombas de lágrimas y las balas de muerte con guardia, Policía Nacional y paramilitares juntos. La disciplinada actuación de estos a las órdenes del gobierno mereció que este se felicitara por el “comportamiento ejemplar de los colectivos”. Pasados 40 días y 40 noches de desierto y penitencia, con una treintena de muertos, con 300 heridos y más de 1.500 detenidos, el gobierno continúa semiparalizado y deteriorándose por los 4 costados. 

¿Para qué reprimir? La Cuaresma no es solo ayuno y privaciones, sino reflexión y cambio de vida. El gobierno tiene delante opositores de tres tipos: los millones que son imprescindibles para que esto sea una democracia y para producir soluciones a la gravísima y creciente emergencia, cientos de miles que están legítimamente en la calle exigiendo cambio de gobierno o en el gobierno y una minoría que ve la violencia como imprescindible para el golpe de Estado necesario. Si el gobierno convoca a “diálogo” a unos líderes de la oposición para dividirlos, fotografiarse con ellos y despacharlos vacíos y desprestigiados ante millones de irritados opositores, los demócratas inteligentes no se prestarán a esa comedia. Con represión brutal, violaciones permanentes y sistemáticas de la Constitución y la falta de respeto y criminalización de la protesta, el gobierno bloquea toda posibilidad de diálogo, sigue echando gasolina a la candela y fortalece a la minoría violenta. Mientras hablan las armas, la represión y las violaciones de derechos humanos, disminuyen los espacios de diálogo que el gobierno afirma querer abrir para trabajar soluciones y quitar fuerza a la desesperación violenta.

En España, antes de la Guerra Civil, la falange fascista, de jóvenes armados para el choque callejero, era una pequeña minoría opositora y en el otro lado los comunistas tenían muy poco peso en el gobierno de la República. Pero la guerra polariza, alienta los extremos y bloquea todo diálogo, y a los dos años de guerra, los militares y la Falange dominaban en la derecha y los comunistas con el apoyo de Moscú en el gobierno; en ese momento dialogar con el enemigo era exponerse al paredón por traidor. Así fue hasta la derrota total y rendición incondicional de la República, con medio millón de muertos en la guerra y la posguerra inmediata, otros tantos exiliados y treinta años de dictadura con miseria. Todo por falta de visión en el inicio, de diálogo tolerante y negociación madura con resultados.

Fracasó en estos días la táctica gubernamental de “zanahoria y garrote” porque los estudiantes no son burros y en un mes han logrado más que en los cinco años anteriores en inteligencia política, movilización y solidaridad de la población, que los afirma cada vez más como representantes de sus aspiraciones. También ha fracasado la táctica de represión brutal, pues la “sangre de mártires es semilla” multiplicadora de luchadores de todos los sectores y edades por la libertad y la vida digna. Se quiera o no, solo el diálogo serio, respetuoso y urgido de logros concretos es vía para empezar el cambio inevitable. Tampoco le sirve al gobierno la táctica de ganar tiempo, pues este juega contra él, a causa de su iluso e insostenible modelo y de su política económica suicida, que avanzan haciendo estragos. Cambiar democráticamente es de vida o muerte para el gobierno y para el país.