• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Alexis Alzuru

Entre dialogo y barricadas

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El diálogo MUD-gobierno ofrece resultados inacabados; inciertos si se quiere. Sin embargo, esos logros defectuosos tienen más valor político que la mejor ganancia que pudiese atribuírsele a las barricadas. Concediendo que cierta verdad posee aquella opinión según la cual las manifestaciones provocaron algunas consecuencias positivas. Por supuesto, la cercanía de los sucesos y la crispación que aún existe impiden una evaluación desapasionada del foquismo. Ojalá ese ajuste de cuentas se realice en alguna ocasión, por el bien del país. Tal vez haya que esperar que los ímpetus bajen y la razón tome su cauce. Por el momento basta reconocer que mientras un sector de la oposición carbonizó miles de oportunidades con las guarimbas, el otro abre puertas insospechadas al sentarse con la cúpula del gobierno. Por ejemplo, activaron las posibilidades de promover conversaciones entre los partidos y las organizaciones de uno y otro bloque. Esta expectativa es valiosa en sí misma. Su utilidad no disminuye, así el resto de las reuniones no reporten acuerdos adicionales como la Ley de Amnistía o la restitución a su cargo de la diputada Machado.

El diálogo es conveniente por lo que estimula; por el halo que proyecta. Pues de entrada favorece la aproximación entre la militancia de la oposición y del oficialismo. Las motivaciones para promover encuentros entre esos actores son tan importantes como que las que privaron para reunir a la élite gobernante con sus adversarios. Acordar la participación de la ciudadanía en la renovación del CNE es una muestra de la trascendencia de los temas que debería discutir la población en general.

Comunicar la base opositora con la del chavismo es lo que permitirá colocar en el terreno que corresponde el diálogo por Venezuela. En ese espacio el pueblo es el protagonista, no quienes usan ese vocablo para actuar en atención a sus objetivos. Las organizaciones comunitarias, gremios y los partidos poseen la necesaria autoridad y legitimidad como para reunirse sin mediadores. Cara a cara sus representantes deberían conversar. Nadie en su sano juicio puede objetar que el pueblo participe de forma directa en las decisiones que se deben tomar para redefinir el rumbo de la nación. Sobre todo, no se puede perder de vista que al diversificar los interlocutores y el contenido de la agenda, las decisiones se corresponderán con los intereses de la multitud y no solo con los de los grupos y voceros que tienen capacidad de influencia. 

Entre los venezolanos existe un acuerdo tácito pero unánime para consensuar las soluciones que se reclaman. En ese aspecto los chavistas coinciden con los opositores y los independientes. Las encuestas confirman que la gente quiere soluciones acordadas y estructurales, no arreglos a la medida de los dirigentes. Otro asunto es que esa voluntad colectiva quiera ser desconocida. En especial, por quienes califican como fracasadas las reuniones que la MUD y el gobierno vienen realizando. Según ellos para revertir el colapso de Venezuela la mejor carta que los ciudadanos tienen es matarse. Por eso, hablan de confrontarse como si esa convocatoria entrañase alguna innovación de última generación o como que si fuesen mayoría y los otros unos pocos equivocados.

Venezuela estaba divida en porciones similares en términos cuantitativos, en el mes de febrero. Sin embargo, las barricadas agregaron nuevas fracciones. La militancia opositora se fracturó en varios trozos igual que la oficialista. Este hecho indica que ningún de los sectores acumula las fuerzas suficientes para imponer su voluntad. En especial, deja claro que el piso del gobierno es tan frágil como cristal. También sugiere que el margen de maniobra de los militares y los radicales quedó reducido al ojo de una aguja. Por eso, descongelar las relaciones entre los venezolanos sería una verdadera revolución política. Hoy como nunca antes la oportunidad de decidir el destino del país está en las manos del pueblo, no en las de los dirigentes. 

 

Profesor UCV