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Alberto Barrera Tyszka

El diálogo y las balas

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Hablemos de la doble moral. Porque ciertamente el descaro, el cinismo y la hipocresía también son una agresión. Por ejemplo: el ideólogo y analista Roque Valero diciéndonos que la inseguridad es “un problema heredado de la cuarta república”. O el presidente Maduro, en la reunión de emergencia, hablando de la historia, del Caracazo, del pasado. Por supuesto que la violencia no es una novedad en el país, pero ¿tenemos que recordarles que, apenas en 2008, el entonces flamante ministro Rodríguez Chacín nos dijo que la inseguridad era un “cuento chino”? ¿En qué idioma les repetimos las veces que este gobierno aseguró que la violencia era un invento mediático?

En su monólogo de Miraflores, en vez de hacer chistes sobre la serie del Caribe, o de publicitar su trabajo y felicitar a Iris Varela, hubiera sido más decente que el oficialismo comenzara pidiéndoles perdón a todos los venezolanos por haber pretendido ignorar y ocultar una gran tragedia. Porque hay más: también en su momento, nos dijeron que el problema de la inseguridad era culpa de la oposición. Hubo quien afirmó que los enemigos de la patria estaban importando mercenarios para infiltrarlos en los barrios populares y crear el caos y desestabilizar al Estado. La violencia no existía. Solo era una ficción perversa.

El gobierno exige que no se manipule políticamente el asesinato de Mónica Spear y de su esposo mientras, sin embargo, el mismo gobierno manipula políticamente ese crimen. Mandan a la farándula oficial a dar la cara, a recordar los logros del plan “Patria Segura”, a decir que “lamentablemente” el “azar” tocó esta vez a una figura pública… Prefieren hablar de casualidad que de estadísticas. Les preocupa el espectáculo y entonces sí reaccionan y sí aceptan y reconocen que la vida de la mayoría de los venezolanos está llena de mucha muerte. El mismo lunes, en Casalta y a cuchilladas, asesinaron al profesor Guido Méndez y a su madre. Pero por ellos no hubo reunión de emergencia. Ni a sus familiares les ofrecieron un avión. Hasta ahora, el gobierno supuestamente socialista y revolucionario, los había invisibilizado. Los había incluso suspendido, eliminado de las informaciones oficiales. No eran víctimas sino fantasmas.

Hablemos de la pobreza. Porque obviamente la inseguridad también tiene que ver con ese problema estructural, porque todo está ligado a esa gran catástrofe nacional que es la pobreza. Hablemos de todos los componentes de esa misma complejidad, del racismo y del clasismo, pero también del militarismo y de la impunidad. Hablemos de las armas. De la inmensa cantidad de armas ilegales que existen y de la inmensa cantidad de armas que oficialmente compra el Estado. Hablemos de la imagen donde aparece un presidente disparando un Kalashnikov. Eso es parte de nuestra miseria.

Hablemos también entonces de los símbolos, de la cultura. Porque por supuesto que el tema de la inseguridad es complejo y también tiene que ver con los medios de comunicación y con la producción de sentidos que se da cotidianamente en nuestra sociedad. Hablemos de Spiderman, pero también hablemos de Ernesto Villegas. Hablemos de la violencia que supone en el imaginario colectivo burlar los procedimientos y las formas para imponer poderes paralelos. Hablemos del país que no aparece en la televisión pública. De la diversidad asfixiada. Hablemos de la nueva tiranía comunicacional.

   Hablemos de todo, pero sin simplezas, sin demagogia, sin farsa. Hablemos de la mentalidad de guerra con la que vive el gobierno. Hablemos de la ética de los disparos, de cómo se ha promovido la idea de que hay balas buenas y balas malas, de que los disparos del 92 son heroicos mientras que los disparos de 2011 son criminales. Hablemos de un gobierno que se autoproclama como “alto mando político militar” y que ve en todos lados una conspiración o una batalla. Hablemos del destino de una República que se funda en la imagen de un puño que golpea insistentemente una mano abierta y vacía.

Hablemos de la doble moral.