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Pedro Conde Regardiz

¿Para qué diálogo, Sr. Zapatero?

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Hace días un puñado de valientes estudiantes organizaron una protesta contra el gobierno; hace ya más de un año perecieron aquellos jóvenes generosos, que soñaron un día de justicia para Venezuela y solo encontraron la represión cobarde estando  desarmados, que luego fueron tachados de extremistas por los que en la oposición se “chorrean”, se ausentan, callan, o dicen que cayeron muertos o presos porque quisieron; de ahí la despedida pusilánime; la oposición los llamó extremistas y el gobierno terroristas, conjeturan llevaban explosivos. Acaso vivimos en la Edad Media y hubiera que combatir la dictadura con azadones y escobas.

Pocos son los que levantan la voz para honrar la memoria de esos valerosos demócratas y vindicarles ante el desdén, si no miedo, de la prensa, salvo la independiente, como este rotativo, a cuya voz se han unido pocas de algunas partes del país, y menos de la capital de la república en que murieron esos estudiantes y resultaron presos más de un centenar...

Y transcurren los días, va esfumándose ese hecho allá en las lejanías del recuerdo, y… todo vuelve a quedar lo mismo, mientras los estudiantes sufren los rigores de la cárcel, soledad, aislamiento, hambre, torturas; los olvidaron; ahora plantean su liberación como condición para conversar con el gobierno, a sabiendas que es imposible, puesto que el régimen, en parte, dejaría de ser dictatorial, lo cual es contra natura.

Por eso, todo queda lo mismo: sufrimos todo el mundo la injusticia de un estado brutal de cosas; sufrimos todos la arbitrariedad monstruosa, que cada día se hace más pesada; pero casi nadie protesta ahora, preocupa la tranquilidad, pasan los días maniobrando sobre el “diálogo”, siguiendo la estrategia del gobierno, que aparenta desespero a juzgar por lo que implora para recibir a la oposición.

Significa un verdadero diálogo que ambas partes cedan en sus posiciones, esto es, que el gobierno deje de ser dictatorial, autoritario, modifique la política económica, que descanse más en una economía de mercado, garantice la libertad de expresión, económica, de prensa, que no la ahogue con el papel de periódico, asegure la propiedad privada, libere los presos políticos, promover la producción nacional, sobre todo, reorientar la reindustrialización, acepte temporalmente la ayuda humanitaria externa, ordene las finanzas públicas, instrumente una política monetaria no inflacionista; también, cambio radical del gabinete que auspicie la confianza, sin la cual es imposible lograr nuevas inversiones y mejorar el empleo, etc. ¿Puede este régimen generar confianza? Pienso que ni con un gobierno de unidad nacional, y menos con lo que  Maduro propone como agenda de diálogo; no es relevante.

¿En qué cedería la oposición la oposición para llegar al punto medio? Acaso implica que esta acepte lo que el gobierno llama “revolución” con sus secuelas de malestar general, que deje de ser democrática para apoyar el autoritarismo, que se calle ante la falacia de la “guerra económica”, que no diga nada al echarle la culpa de sus deficiencias y pésimos resultados a Estados Unidos, el imperio, que contribuya a convencer la población de la necesidad imperativa de prolongar este caótico estado de cosas; que le “resbale” la tesis oficial de la paz, es decir, hambre, crisis humanitaria, escasez, inseguridad, miedo generalizado a perder la vida, corrupción sin par (¿por qué el BCV no recibe los dólares de los ingresos petroleros?); que apoye insensateces en política exterior, como el cobro de deuda a Paraguay, que ahora responde oponiéndose  a que Venezuela tome presidencia de Mercosur; pereza mental.

Se observa, entonces, que el “diálogo” es una pantomima para distraer la opinión,  espantarla de la meditación acerca del sufrimiento, atribuir su fracaso e incapacidad para la conversación seria acerca de las calamidades nacionales a la oposición; pura desinformación, Sr Rodríguez Zapatero.  

 

 

psconderegardiz@gmail.com

@psconderegardiz