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Yumber Vera

El día que conocí a Johnny Marr

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El jueves pasado en la noche conocí a uno de los héroes de mi adolescencia: Johnny Marr. Luego de que concluyó su segunda presentación en Buenos Aires, que brindó tras su actuación el día anterior en la primera edición en Argentina del festival Lollapalooza (obvio que fui a los dos shows), una amiga que trabaja en la sala de conciertos en la que tocó el artista mancuniano me advirtió que me tenía una sorpresa. Así que la seguí hasta una suerte de VIP improvisado en el que se encontraba el ex guitarrista de The Smiths, grupo emblemático del pop inglés de los ochenta y para muchos la banda que estableció el indie como concepto sonoro, charlando junto a otros músicos y periodistas locales.

Apenas lo vi, no le di chance a los nervios a que me traicionaran y me acerqué hacia donde estaba para sumarme al rosario de alabanzas sobre su concierto y su obra. “Gracias por venir”, me respondió después de saludarlo, al tiempo que me estrechaba su mano izquierda debido a que la que usa para ejecutar su instrumento se la fracturó a mediados de marzo, lo que puso en vilo su debut en el Cono Sur.

Si bien apenas pudimos intercambiar algunas pocas palabras, lo que me llamó la atención de Marr (aggiornado por la estética britpop, con flequillo incluido) era la manera en la que se relacionaba con los que estábamos allí, pues nos trataba como si fuéramos los amigotes con los que va al pub a ver la Premier League. Lo mismo que hizo momentos antes con el público, al que le dedicó “How Soon is Now?”. “Para mis viejos amigos y los nuevos también”, espetó antes de interpretar uno de los himnos de The Smiths. Además de su sentido del humor, con ese filo irónico propio del británico, eran notables la generosidad y la sencillez que expelía uno de los guitarristas fundamentales en la historia del rock (no se imaginan el placer que genera verlo tocando el instrumento), al igual que su confianza. Aunque esto último pareciera entrar en contradicción con la salida de su primer disco solista, The Messenger, que apareció en 2013. Un trabajo que, pese a que el rol de frontman lo encuentra en buena forma, irónicamente no estaba en los planes del músico, quien siempre prefirió ser parte de un proyecto grupal (Modest Mouse, Electronic, The Cribs).

A pesar de que las canciones de The Messenger reflejan el genio trovadoresco de su creador, cuando Marr desenvainó en sus conciertos varios de los clásicos de The Smiths, lo hizo decorosamente. Y es que sin pretender emular a su hoy archienemigo Morrissey, cantante del otrora cuarteto (el único integrante del grupo que me falta por pillar en vivo es el baterista Mike Joyce, porque al bajista Andy Rourke lo vi en plan de DJ), el músico que puso su guitarra al servicio de Talking Heads, Pet Shop Boys o Beck respetó a cabalidad la línea vocal de los temas, lo que dejó en evidencia en su interpretación del gran hit de la agrupación: “There is a Light That Never Goes Out”. Por lo que a sus 50 años este hincha del Manchester City (al punto de que en sus presentaciones le dedicó “Generate! Generate!”, incluido en su ópera prima, al futbolista argentino Kun Agüero) descubrió una nueva veta para seguir cultivando su leyenda. Y vaya que se la tomó en serio, dado que ya prepara la secuela. Justo de eso no pudimos hablar, pues me avisaron que se venía la foto para documentar el día que lo conocí.