• Caracas (Venezuela)

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Richard Blanco

Un día el auditorio azul

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Son las 6:00 de la tarde de un día cualquiera, porque en ese lugar los días pasan idénticos. Están por cerrar una puerta de hierro donde pasan tres cerraduras que te hacen recordar que estas privado de libertad.

Es un recinto pequeño, afuera se identifica con el número 17 y por dentro un cuartucho de aproximadamente 3m x 3m, no hay poceta, solo una letrina por donde a veces salen animales rastreros. Desde el primer día se nota un pequeño lavamanos y una regadera, ambas llenas de telarañas donde pareciera que el tiempo pasa y se acumula, sin que salga una sola gota de agua, es así, eso se mantendrá a cada instante las 24 horas del día. La mente juega sucio y te recuerda a cada instante que el agua es vida.

Es desolador el panorama y se escucha a lo lejos a varios individuos gritar “ahí vienen los veldes”, refiriéndose a uniformados de verde con un FAL en el hombro queriendo poner orden y pasando revista para determinar con exactitud que están todos los que son. Es una noche calurosa sin luz, mucho menos con un televisor ni un radio para informarte y con la misma oscuridad, la imposibilidad de leer un buen libro, las horas son eternas para ver la luz del amanecer, y escuchas de tus vecinos cercanos risas y quejidos producto de una enfermedad.

Grillos, sapos y una que otra ave hacen un concierto que medio regulariza el ambiente. La mente se te va en preguntarte ¿qué haces ahí?, recuerdas a tu madre, a tus hijos, familia, amigos, en fin, recuerdas a tus seres queridos y no olvidas jamás el momento de tu injusta detención. Llega el momento del amanecer y observas en una esquina un tobo de plástico donde consigues agua para asearte, tiene años, se rompe constantemente y debes tener cuidado para que puedas mantener la mayor cantidad de agua. Ya están de vuelta “los veldes” para pasar una nueva revista y determinar que todos los que encerraron a las 6:00 de la tarde se encuentren en su lugar de opresión; si falta alguno se prohíben las visitas y se priva de la alimentación en un tiempo que solo determinan “las autoridades”, si está todo bajo control la comisión designada busca el desayuno, generalmente una avena reciclada por días que nadie la toma por un sabor desagradable, intolerable a cualquier ser humano, producto del asombroso presupuesto que posee un preso, 23 bolívares, al día para su alimentación.

Transcurre la mañana observando el movimiento de unas 3.000 personas en un recinto que inicialmente fue construido para 750; mientras el régimen declara con bombos y platillos el uso del tiempo de ocio en el lugar en cuanta misión, talleres y oficios que supuestamente desarrollan, la verdad es que no hay ningún plan de rehabilitación para quienes hayan podido haber cometido algún tipo de delito. No es el caso de todos, hay quienes están ahí por el simple hecho de defender la democracia, presos políticos que hoy el régimen llama políticos presos como queriendo adelantar el puesto que ellos ocuparán cuando la verdadera justicia deje de ser ciega y los imputen a ellos por todos los delitos cometidos en estos últimos años.

Es la hora del almuerzo, agua, arroz o espagueti, y una vez a la semana algo de carne o pollo que es cocido por los mismos imputados. Sigue la tarde igual, con más calor, una que otra discusión entre quienes quieren adueñarse de territorios o simplemente de quienes tienen “cuentas pendientes” que en algunos casos vienen de la calle; individuos que caminan de esquina a esquina de manera constante y acompasada por horas, como pendientes de que algo va a ocurrir o cuidando territorio, o como que si los siguieran, y llega nuevamente las 6:00 de la tarde, igual a la tarde anterior, solo con una diferencia: el tiempo que no juega a favor de quien está ahí porque un día en la cárcel es una semana, un mes es un año y solo queda la esperanza de quienes están fuera y saben que el preso político resiste en ese lugar porque más temprano que tarde los anhelos de un país entero y su lucha se harán realidad. La justicia ciega te llega a cualquier hora y cualquier día, y te absuelve cuando le da la gana. La libertad debe ser por siempre, hoy más que nunca es necesario decretar la amnistía a los presos, perseguidos y exiliados políticos, que Iván Simonovis, Leopoldo López, los policías del 11 de abril y los estudiantes universitarios que se encuentran detrás de las mazmorras, así como los miles de perseguidos políticos y exiliados puedan nuevamente abrazar la alegría de ser libres, es justo hacerlo ya.

 

*Ex preso político, sitio de reclusión: Cárcel de Yare, calabozo 17.

Fecha de reclusión: 27 de agosto de 2009.

Libertad condicional: 7 de abril de 2010.