• Caracas (Venezuela)

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Vladimir Villegas

La destituyente

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La iniciativa política que algunos sectores opositores han querido adelantar bajo la sugestiva denominación de “La Salida”, y que en buena medida se tradujo en acciones violentas para forzar la renuncia del presidente Nicolás Maduro, combinadas y solapadas bajo lo que al inicio fueron importantes movilizaciones pacíficas, ha puesto en evidencia las diferencias existentes en los sectores agrupados en la Mesa de la Unidad Democrática.

La mayoría de la Mesa, contraria a las llamadas soluciones “fast track” ha tenido que lidiar con los factores radicalizados que ven la acción política como un proceso susceptible de madurarse con carburo, o un parto que no debe esperar el tiempo de gestación natural, para citar un ejemplo del diputado Pedro Pablo Fernández. Parir a juro parece la línea de quienes creen que la toma del poder la tienen a la vuelta de la esquina, como ilusamente pensaban sectores de la izquierda, incluso después de la aplastante derrota política y militar de los  años sesenta.

En vista de los resultados adverso que se han producido, y que llevaron al fracaso de la llamada “Salida”, sus promotores han buscado darle la vuelta. Incluso algunos de ellos llegaron a decir que esa “salida” será posible cuando se haya generado un estado de conciencia. Una reflexión tardía, e incluso ligera,  tomando en cuenta el saldo de dolor, muerte, violencia y represión en que metió al país ese planteamiento.

Esa manera de hacer política, basada en la impaciencia, y en la creencia de que la mayoría de la gente apuesta por una salida supuestamente pacífica pero que en la práctica se tradujo en hechos violentos que le hicieron mella a la capacidad de convocatoria de masas de los factores opositores, ahora quiere ser maquillada y convertida en una camino hacia una Asamblea Nacional Constituyente, que tendría fundamentalmente el objetivo de destituir, de desalojar del poder al presidente Nicolás Maduro, y de paso sacar del camino a los factores opositores que no han comido “casquillo” con el chantaje al cual han pretendido someterlos bajo las acusaciones de “colaboracionismo”.

En otras palabras, se trata de una asamblea “destituyente”, que en su ilusa concepción no ha tomado en cuenta la capacidad que tendría el gobierno de aceptar el reto y convocarla en un terreno absolutamente favorable. Lo otro es que no hay un planteamiento serio que le dé sustancia a la idea de convocar al constituyente, a menos que se pretenda cambiar la actual carta magna, con la cual somos solidarios la absoluta mayoría de los venezolanos, y no se diga con claridad cuáles son las modificaciones que tienen en mente sus promotores.

Lo cierto es que esta idea la “destituyente” no ha tomado cuerpo, ya ha generado rechazo incluso en las organizaciones más representativas del a oposición, y además de eso apartaría a los movimientos que integran la MUD, y  que siguen apegadas a la idea de transitar el camino electoral,  de un evento de primer orden, como lo son los comicios parlamentarios del venidero año 2015. Estos atajos incoherentes que proponen los promotores de la “salida” recuerdan todo el proceso que condujo a la oposición a no presentar candidatos a las elecciones parlamentarias de 2005 y sus posteriores consecuencias.  A veces no pierde el que se cansa sino el que se atora…

Santos

La victoria de Juan Manuel Santos en Colombia es un voto de confianza en las iniciativas favorables a alcanzar la paz en la nación hermana. Los colombianos ya no quieren más muerte ni violencia, y apuestan a que se haga realidad el sueño tantas veces postergado de una sociedad que procese sus diferencias por la vía de la política, y donde la confrontación armada pase a ser un mal recuerdo.