• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Alonso Núñez

Cuando el destino nos alcance (1)

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Con mi gratitud al profesor José Rafael Lovera, primero

en mencionarme el fascinante tema de las impresoras digitales

de comida

Fue este el poético nombre con el que se tradujo al castellano una película de Hollywood de principios de los años setenta. En ella se habla de un cercano futuro apocalíptico en el que los alimentos no alcanzan para la creciente y ya gigantesca población mundial. En este mundo distópico los vegetales y las proteínas animales son grandes lujos asequibles sólo a las clases con poder, mientras que el inmenso resto de la población se alimenta exclusivamente de una mezcla de soya, lentejas y plancton llamada soylent.

La película, de trama policíaca y de ciencia ficción, nos deja en un estado de gran inquietud al terminar sin ofrecer ninguna esperanza para un mundo superpoblado y gobernado por élites tan poderosas como egoístas.

Pero una inquietud aún mayor nos atrapa al saber de la existencia de los prototipos experimentales de lo que muy pronto será un nuevo adelanto tecnológico que podría estar presente en cualquier cocina: la comida impresa en tercera dimensión. Más allá de la aplicación doméstica en la que se encuentra en este momento la investigación, algunos de sus creadores proponen esta técnica como una posible solución para las recurrentes hambrunas de ciertos lugares del mundo.

Las impresoras caseras de tercera dimensión o 3D,  que existen desde hace ya un tiempo, fabrican objetos mediante la superposición de capas sobre capas de resina en pasta,  con el fin de crear altura y volumen. Los científicos dieron el paso siguiente al sustituir el material plástico por pastas fabricadas a partir de productos alimenticios como chocolate, cereales, quesos, vegetales, algas, semillas, glaseados azucarados y hasta carnes animales muy probablemente aglutinadas usando transaminasas.

Una industria española vende por mil euros un modelo casero capaz de fabricar –no cocinar– pizza, pasteles, pasta fresca y bombones,  partiendo de seis cápsulas de ingredientes. La estrategia de venta se hace sobre la base de combinar “naturaleza, comida, tecnología, arte y diseño”. Otra industria estadounidense está desarrollando preparaciones en colaboración con un reconocido instituto culinario de Nueva York. El objetivo es que las recetas de esos platos se puedan descargar en la computadora e imprimir en casa. Incluso,  el chef francés Pierre Gagnaire se encuentra experimentando con este adelanto tecnológico que, aunque de uso muy limitado en este momento, ofrece un panorama de aplicaciones casi infinitas en un futuro nada lejano, sobre todo fabricar alimentos allí en donde el entorno no es propicio.

En nuestra próxima columna continuaremos con este apasionante tema.

@nunezalonso