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Marianella Salazar

El despegue de Capriles

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No cabe ninguna duda, el cambio ha comenzado, como diría Jesús: “Dejad que los muertos entierren a sus muertos”. El enterrador mayor no la tiene fácil. En cien días como encargado de la Presidencia su tarea ha sido desastrosa, con devaluaciones, apagones eléctricos y escasez de todo lo que se consume; sus desaciertos en materia económica tienen al país al borde del colapso.

Nicolás no dio la talla, se entregó con indecente desvergüenza a la dictadura cubana como un vendepatria, urdió todo tipo de embustes y no desperdició oportunidad para demostrarnos su estulticia, considerada total, universal y definitiva. Nicolás no hace otra cosa que sepultar el socialismo del siglo XXI.

La pugnacidad oculta ya aflora en las filas del PSUV y los elementos más radicales se estrellaran con los corruptos más derechistas de la burocracia y de la Fuerza Armada, dividida también en corrientes políticas e intereses crematísticos. El partido oficialista terminará como otro cascarón vacío. Después del 14 de abril comenzará la verdadera agonía, porque dentro del chavismo Maduro no encontrará mansos pajaritos esperándolo para consolarlo, sino el nido de alacranes que una vez denunció el decepcionado general Alberto Müller Rojas (QEPD), para referirse a los corruptos que encerraron a Chávez en su círculo de hierro.

Independientemente del resultado electoral, a partir del 14-A, los alacranes estarán listos con sus aguijones y aprovecharán la desmoralización, que ya se siente en el ambiente oficialista, para clavar su ponzoña, terminar por todas con las aspiraciones del heredero político y sacarlo de la escena. La revolución sufre un retroceso decisivo, el régimen no puede mantenerse por mucho tiempo sin la presencia de quien lo modeló de pies a cabeza; está condenada a ser una quimera y su líder supremo convertido en estampado sobre franelas, pósteres, tazas, fondo de pantallas y demás soportes de la inmortalidad, diseñados por el mercado, para acabar vaciando el mito de significado. Viene un proceso de desideologización. No hay chavismo sin Chávez, lo único que les queda es joropo y el sombrero de cogollo de ala ancha con nido incluido de Nicolás Maduro.

 

Liderazgo en construcción

A la oposición le toca asumir el cambio bajo el liderazgo innegable de Henrique Capriles. En esta brevísima campaña presidencial, el candidato opositor se ha puesto a la altura de los retos históricos y ha marcado un viraje de 180 grados. Se muestra directo, contundente, coherente en el discurso. Ha logrado conectarse con el sentimiento de las grandes mayorías y entusiasmarlas. Además de plantear soluciones y abordar los graves problemas de inseguridad, inflación y desabastecimiento, que agobian a todos los ciudadanos, por primera vez denuncia lo que todos esperaban escuchar: el ventajismo obsceno y las perversiones en el sistema electoral, la situación en la FANB y le recuerda el compromiso en la defensa de la Constitución y respeto a la decisión de las mayorías, promete la expulsión de los militares cubanos y de la guerrilla colombiana, que en su gobierno no tendrá su territorio en Venezuela, y prometió que “irá con todo contra quienes matan, asesinan, roban y secuestran a nuestro pueblo”.

También menciona a los corruptos con sus nombres y apellidos, como lo hizo en el apoteósico discurso de la avenida Bolívar con el ministro de Petróleo, Rafael Ramírez, a quien acusó de ser el hombre más rico del país. En cuanto a su contendor, el candidato de la oposición le da el trato que se merece, por “vago y ridículo”, que al parecer lo único que tiene es tamaño. Estamos en presencia de un liderazgo en construcción que expresa el anhelo de cambio esperado.