• Caracas (Venezuela)

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Eduardo Semtei

El desmoronamiento de una candidatura

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Como los viejos boxeadores que, inconscientes de su cansancio, pérdida de fuerza en sus puños y velocidad en las piernas, se arriesgan a subirse a un ring con un peleador más joven, lleno de vigor, con la mirada fija en el futuro y la decisión de coronarse campeón, así encontramos al Presidente saliente.

No importan las señales que le mande la vida a nuestro imaginario boxeador, la flacidez muscular, los dolores artríticos, el jadeo enfermizo al entrenar, nuestro conocido contendiente insiste, arriesgando su propia vida, en mantener un combate no contra su retador sino contra la vida misma. Contra la realidad. Contra la razón.

Las señales son múltiples y evidentes. El repentino y sonoro lloro, perfectamente humano y comprensible, en medio de un acto en el estado Apure, confesando que no puede caminar, que le gustaría nuevamente andar las calles de San Fernando de Apure, oler la flor del mastranto y que, como a Lorenzo Barquero, se lo tragara la llanura, demuestra cuán afectado está el Presidente en términos de salud, y evidencia que su oferta electoral es por lo menos engañosa al postularse para un cargo de seis años sabiendo que ya no puede ni caminar.

Los entrenadores saben que no puede ganar la pelea, que esa lucha contra la corriente tiene el resultado marcado.

Pero nada, el Presidente despide a sus asesores brasileños, que admiten que sus consejos son desoídos y sus recomendaciones despreciadas.

En su lugar aparecen nuevos depredadores con la idea de sacar provecho de la última pelea del viejo campeón. Lo animan. Lo aúpan. Lo empujan. Les interesa el botín que aún pueden obtener así pierdan el combate. Pasan uno, dos, tres, en fin, rounds en los que el candidato oficial sale maltrecho.

Su presencia en Anzoátegui desencadena una ola de críticas a la fracasada y torpe gestión de quien cambió su papel de gobernador para obtener un certificado de Mr. Músculo. Más adelante, en Carabobo, debe imponer su criterio a mocha y trocha frente a un chavismo cada vez más descontento, arrepentido y crítico.

Ninguno de sus gobernadores parece estar interesado en hacer campaña; paulatinamente los espectadores van dejando el Madison Square Garden vacío. Exactamente como pasó en el Poliedro de Caracas con un acto reactivo, una mala copia, una imitación barata del Acto del Voto Joven que realizara en candidato emergente en la Ciudad de Barquisimeto.

En Catia, que fuera la zona natal del cansado peleador, la gente no asistió, fue una movilización pobre, tanto así que Freddy Bernal, en un grito de ahogado, imploró a los catienses que reflexionaran, que siguieran nuevamente a quien durante 14 años ha incumplido sistemáticamente sus promesas y, además, ha regalado los bienes nacionales a cuanto pedilón se presente por el camino con la promesa de serle fiel en el campo internacional.

La suspensión de los actos en Portuguesa, en Yaracuy y en Cojedes son nuevas y palpables demostraciones de que el sol le quema la espalda.

Mientras el muchacho retador ha hecho más de 250 rounds a lo largo y ancho del país, nuestro conocido apenas ha visitado cerca de 10 pueblos y ciudades a lo sumo.

Al viejo púgil no le alcanza el tiempo entre round y round para recuperarse y descansar. Sus promesas de batalla ya no llaman la atención. El uniforme en el ring se le va quedando grande. La gente de su esquina luce desesperada y acuden a viejos y malvados trucos. La batalla limpia es apartada para, en su lugar, sembrar la campaña sucia. Se saben derrotados.

Tiene la toalla en la mano.

¿Tirará la toalla o seguirá de puching ball?