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Fernando Luis Egaña

La descomposición

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Todo el mundo se da cuenta. Dentro y fuera de Venezuela. Y es que la situación general del país se descompone a paso acelerado. En todos las dimensiones. En lo económico, ni hablar. En lo social, inevitablemente. Y en lo político la descomposición es aguda, además, por las tensiones de las protestas y la barbárica represión. Y en lo militar, también, al decir de los propios voceros del oficialismo que denuncian la marcha de un golpe de estado, desde luego que ese tipo de suceso lo protagonizan los uniformados...

Cuando la plataforma unitaria de la oposición política señala que el régimen imperante está sembrando las semillas de una guerra civil, creo que se queda corta: en realidad, la hegemonía está cosechando la guerra incivil que ha venido sembrando con su prédica de odio, de confrontación, de polarización malsana de la nación venezolana. La utilización pública, notoria y comunicacional de las bandas armadas para la represión político-social, no puede dejar ningún margen de duda. Ninguno.

Así mismo, el sólo hecho que la gran prensa internacional hable de "Ucrania y Venezuela" --cuando se trata, en realidad, de situaciones diversas y por tanto difíciles de asimilar--, ya rinde suficiente cuenta de la brutal erosión que exhibe la imagen exterior del régimen venezolano. La descomposición de la imagen, para usar las mismas palabras.

Sí, esa imagen "democrática" que la hegemonía se había empeñado tanto en labrar durante muchos años, se ha venido a menos de manera evidente. La oleada de críticas y condenas al proceder represivo del Estado "revolucionario" así lo demuestra. Amigos de ayer hoy se callan. Y neutrales de ayer hoy se manifiestan en contra. 

Lo que los expertos llaman el "capital reputacional" de la "revolución bolivariana", quizá se encuentre en un estadio irreversible de descrédito y desconfianza. Y en la medida que prosiga la represión, proseguirá también la tendencia de intenso cuestionamiento. Otra cosa es que muchos gobiernos de América Latina se hagan los locos, tanto por interés como por complicidad.

La descomposición debe estarse diseminando con fuerza en ese laberinto de conflictos que es el oficialismo rojo. La percepción de que Maduro no está en capacidad de manejar una mega-crisis como esta y que, más bien, la tiende a agravar, se hace corriente en los más diversos ámbitos del poder establecido. La cascada de rumores es un síntoma de la crispación interna. Ya Venezuela ni siquiera tiene el disimulo de un gobierno funcional, sino lo único que se manifiesta es el aparato oficial y para-militar de la represión.

Por otra parte, debe reiterarse que la descomposición no ha sido causada por las protestas sino al revés: la extensión y perseverancia de las protestas es una manifestación del agobio nacional ante la descomposición.  Las protestas, más justas y legítimas no pueden ser. Y la represión, repito, barbárica, no es el efecto sino la causa de la agresividad de algunas de ellas. La gente se defiende de la barbarie.

¿A dónde nos conduce toda la descomposición acumulada que ahora se desborda? Ojalá y nos conduzca a un cambio sustancial en el que se supere el despotismo y pueda hacerse realidad la convivencia democrática, el respeto al pluralismo y el trabajo dinámico por el desarrollo de Venezuela. No es nada fácil pero tiene que ser posible.

flegana@gmail.com