• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Freddy Lepage

Represión a sangre fuego

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Estos 45 días han sido inéditos para Venezuela. Nunca antes, al menos desde que llegó Chávez al poder, se habían visto manifestaciones de la contundencia y contenido de las ocurridas hasta ahora. La feroz y violenta arremetida del régimen contra los estudiantes y la sociedad democrática lo ha mostrado tal cual es, con su rostro más despreciable y dictatorial. De nada valdrá el auxilio de los gobiernos “amigos” de Unasur para tratar de lavarle la cara a una camarilla que actúa no en nombre del pueblo al que dice defender, sino en atención a sus propios intereses convertidos en razón de Estado. Nada justifica las acciones militares de represión ni las de las bandas armadas oficialistas con patente de corso para sembrar el miedo y asesinar a civiles desarmados.

Semejantes despropósitos desvelan el más supino desprecio por la democracia y el libre ejercicio de las libertades ciudadanas que los herederos del comandante eterno ya no pueden ocultar. Quienes gobiernan (en plural, ya que no puedo decir que Maduro tiene el liderazgo, la fuerza, la capacidad y la auctoritas para tomar sus propias decisiones e imponerse sobre los demás) quieren acabar con cualquier tipo de disidencia democrática que solamente pretende ejercer su derecho de disentir porque se siente acorralada, excluida y atropellada por los fanáticos y adoradores del pensamiento único.

Las denuncias de golpes militares que van y vienen son de tal ligereza que nadie se las cree. Lo propio ocurre con la captura de presuntos terroristas chinos y del Medio Oriente que nunca son mostrados a la opinión pública. Todo sería una comiquita a no ser por las arremetidas bestiales contra la gente para tratar de apagar la llama libertaria anidada en los recónditos meandros del alma de quienes desean quitarse de encima el oprobioso yugo de un aberrante, alienante totalitarismo imposible de imponer en pleno siglo XXI. 

El desastre económico ya hace estragos en los sectores populares que, al fin y al cabo, siempre pagan los platos rotos. Las devaluaciones disfrazadas catapultan el alto costo de la vida a niveles intolerables. Ante cada devaluación los venezolanos somos más pobres. Los salarios no alcanzan para satisfacer las necesidades básicas y, mucho menos, para llevar una vida digna de bienestar y progreso. El malestar generalizado es el caldo de cultivo principal –indetenible– de la protesta popular que, en lugar de ser atendida y comprendida, es reprimida con saña y sadismo, sin contemplaciones de ningún tipo. Pues bien, aquí podemos aplicar aquello de que “la revolución se come a sus hijos”; o sea, al pueblo que ya no tendrá acceso a alimentos baratos y servicios de mediana calidad.  

Quienes reprimen, una vez que han probado la sangre, parece que se transforman en lobos sedientos e insaciables –seres humanos envilecidos– compelidos por la necesidad de seguir en esa suerte de fiesta macabra que parece no tener fin, que se retroalimenta hasta niveles extremos y la vida pierde su valor... Nadie sabe, a ciencia cierta, adónde va a parar todo esto; pero, lo que sí parece predecible es que no será nada bueno. Entramos en una espiral entrópica –de juego suma cero– que desata fuerzas centrípetas generadoras de un desbarajuste muy difícil de contener o controlar que –en definitiva– no le conviene al gobierno por más ínfulas que se dé. A Maduro le convendría aplicar aquello de que “cuando todo falle lea las instrucciones (democráticas)”, o será demasiado tarde para recoger los vidrios rotos. Lo que mal empieza, mal termina...                            

Twitter: @Freddy_Lepage