• Caracas (Venezuela)

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Vladimir Villegas

La arepa y otros motivos para dialogar

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Esa reunión entre el primer mandatario, Nicolás Maduro, y el presidente de las empresas Polar, Lorenzo Mendoza, ha servido para mostrar que ni el uno ni el otro han dejado de ser lo que son por el hecho de sentarse a conversar sobre uno de los problemas fundamentales del país, como es el desabastecimiento y la escasez de productos esenciales para la alimentación y la satisfacción de necesidades de los venezolanos.

Todavía no se le ve el queso a la tostada. Pero lo importante es la señal que se envía. Esa reunión no sólo la necesitaba Lorenzo Mendoza para exponer ante el Gobierno las dificultades que existen para producir en Venezuela, y para entrarle de frente a la serie de declaraciones y acusaciones dirigidas a implicar a Polar en campañas destinadas a fomentar el desabastecimiento y crear condiciones favorables a la desestabilización. La necesitaba el Gobierno, para bajar la presión social.

Esas fotografías de ciudadanos con los brazos marcados en medio de una larguísima cola para comprar harina de maíz precocida y otros productos no menos escasos, como el papel higiénico, son la mejor muestra de la verdadera amenaza que tiene frente a sí el recién iniciado gobierno de Nicolás Maduro. No es ni siquiera la impugnación de los resultados electorales presentada por la Mesa de la Unidad Democrática ante el Tribunal Supremo de Justicia, o incluso la desbocada ola inflacionaria que estamos viviendo. La imposibilidad o al menos la dificultad de conseguir los alimentos esenciales se convierte en un gran factor de inquietud en la calle, y es una de las causas por las cuales cualquier gobierno se debilita.

Pero esta reunión también la necesitaba un país agotado, agobiado, exhausto por la confrontación, por la falta de espacios para que quienes juegan roles distintos en la sociedad y piensan de manera diferente puedan sentarse a abordar soluciones conjuntas a los problemas de la nación. Por la vía de la peleadera, de la retórica, de los discursos repetitivos y belicosos no hay perspectivas ciertas de que podamos abatir la inflación, ponernos de acuerdo en un plan que nos lleve a superar el rentismo, a generar empleos productivos y a encontrar un ritmo de sano crecimiento económico.

Eso lo tiene que entender, en primer lugar, el Gobierno. Este o cualquier otro gobierno. No hay otra manera sino el diálogo. Es muy apropiado en estas circunstancias nacionales ese criollísimo refrán según el cual “la masa no está pa’ bollos”. La situación es muy compleja. Según cálculos de un economista como Jorge Pérez, ex director de la Escuela de Economía de la UCV, y decidido partidario del Gobierno, estamos ante un escenario inflacionario moderado de 40% para finales de año. Es decir, a finales de año, por mucho que se diga o se haga, habrá un serio deterioro del salario, que ya empezamos a percibir cada vez que nos enfrentamos a la caja del abasto o el supermercado.

Si yo fuera Maduro me dejaría de pruritos y llamaría a Fedecámaras y a otras expresiones empresariales a conversar. Y vuelvo a lo que ya escribí hace varias semanas. Si quiere que lo reconozcan, empiece por reconocer a los interlocutores que existen en Venezuela. También llamaría a todas las tendencias sindicales del país, no sólo a las incondicionales de su gobierno. Por ahora no insisto en el diálogo político. Sentarse con el sector productivo es lo urgente. De ahí al diálogo político hay pocos pasos. Pero vayamos por partes. No se trata de que el Gobierno vaya a arriar banderas o a hacer concesiones de principio, se trata de que atienda las alarmas que la realidad está encendiendo. Y en esta materia, y que me perdonen los radicales, si le va mal al Gobierno le va mal al país.


Ángel Oropeza. Mis sinceras condolencias al amigo Ángel Oropeza por el fallecimiento de su señora madre. No pude acompañarlo en los funerales de su progenitora y por eso desde este espacio le reitero mi solidaridad.