• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Colette Capriles

Aquella derrota

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Es muy poco posmoderno, pero lo cierto es que aún hay hambre de definiciones y mientras lo que sucede en Venezuela pueda seguir apareciendo, sobre todo ante ojos internacionales, como un típico mal gobierno latinoamericano con mucha plata, corruptísimo y gordinflón, pero con cierta voluntad redistributiva para “enfrentar” la pobreza, la buena conciencia mundial quedará apaciguada y mirará hacia otros rincones. Mientras tanto, aquí adentro, la cuestión ontológica o la pregunta acerca de qué es esto y hacia dónde va, adquiere una urgencia subrayada por estas elecciones que, además de su importancia intrínseca, podrían ser las últimas en años, o incluso ser las últimas a secas, si se avanza lo suficiente en la instauración de las comunas.

Por supuesto, no hay ninguna categoría política que albergue cómodamente esto que vivimos, como puede dolorosamente comprobarlo cualquiera que pretenda explicarlo ante una audiencia incluso bienintencionada. En realidad las etiquetas con las que suelen describirse los regímenes políticos no son terriblemente exactas y cada caso parece único. Habría que aspirar simplemente a encontrar el “aire de familia” y marcar más bien las diferencias y las metamorfosis. Sobre todo, considerando que lo propio de la experiencia política del siglo XXI es la fetichización de la democracia, lo que exige a las autocracias la habilidad de mimetizarse jugando peligrosamente con los bordes grises de las instituciones democráticas.

Hay gente que piensa que la obsesión electoral del chavismo podría ser un ejemplo de ese juego perverso con las formas democráticas, pero creo que por el contrario, las elecciones eran sustantivas, en el sentido de que la legitimidad carismática exigía una “prueba” constante que los resultados electorales podían proveer. En estos días se cumplieron siete años de la increíble derrota de la propuesta de reforma constitucional y es muy fácil recordar la frustración personal, la herida narcisista (y su correlato, la ira incontenible) que padeció el fallecido presidente en aquella ocasión. Los objetivos políticos que perseguía esa reforma se cumplieron por otros medios, arteramente, pero estos exigieron a su vez ratificación popular directa o indirecta mediante otras elecciones.

Por supuesto, el mero hecho de negarse a escuchar la sustancia del veredicto del pueblo en aquella ocasión, pervirtiéndolo, revela el talante del extinto presidente y la calidad que quiso imprimirle al acto electoral: parecería que las elecciones funcionaban como espejo e instrumento del carisma, más que como ejercicio de la voluntad popular. Ese esquema ya no se sostiene por razones obvias, y los comicios adquieren un sentido distinto. Se parecen más a una oportunidad de juzgar al gobierno, de apoyarlo o de repudiarlo, en bloque o localmente. Quizás, en la perspectiva de lo interno del régimen, se juegue de nuevo la legitimidad de Maduro como “primus inter pares” en el archipiélago Chávez. Es deprimente, en todo caso, que la táctica electoral de Maduro haya sido afirmarse como flamígero agente del control y la represión, sobre todo por lo que esto revela de lo que el chavismo espera de un presidente.

Más que puesta en práctica de un silabario leninista, lo que hay es un ejercicio de autoridad. Como dicen los críticos desde el chavismo, la revolución no ha avanzado nada en la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción. No ha afectado la propiedad en general, es cierto, pero está suspendiendo el mercado como mecanismo de asignación de recursos. Las transacciones entre privados están ya o estarán pronto intermediadas por el Estado que será el único fijador de precios: la propiedad seguirá existiendo, pero no tendrá valor alguno fuera del arbitrariamente fijado por el funcionario. Esa discrecionalidad es la “autoridad” a la que Maduro aspira y que sin duda corresponde al imaginario de poder del chavismo.

Y contra esto y el mal gobierno local, vamos a elegir alcaldes y concejales. Vamos a dar juicio sobre el régimen. Vamos a enviar el mensaje de resistencia y afirmación de la democracia y las libertades.