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Antonio Ecarri Bolívar

¿La derecha postmoderna asaltará el poder?

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El postmodernismo ha sido una corriente de pensamiento que ha influido en algunos sectores radicales de una gauche divine: “Gente de izquierdas que hace lo posible por vivir como gente de derecha” o claramente de derecha sifrina (droit divine) acomplejada con el término y que se metamorfosea en un radicalismo infecundo. Aunque, en definitiva, ha tenido una crítica demoledora por su carácter tan enrevesado, crítico de todo, pero sin proponer nada serio que permita un hilo conductor que produzca, en el ámbito político al menos, algún cambio coherente. Algunos de los que han profundizado en el tema – por sólo mencionar a dos de los más importantes - Jurgen Habermas y Jean Francois Lyotard, por ejemplo, se dedican a definir esa postmodernidad con ánimo crítico.

Para Habermas: “La posmodernidad en realidad se presenta como antimodernidad. Él define a los posmodernistas como 'jóvenes conservadores' y dice que estos recuperan la experiencia básica de la modernidad estética; reclaman como suyas las confesiones de algo que es subjetivo, liberado de las obligaciones del trabajo y la utilidad y con esta experiencia dan un paso fuera del mundo moderno”. Para Lyotard, en cambio, hay que criticar la sociedad moderna por “el realismo del dinero”, que se acomoda a todas las tendencias y necesidades, siempre y cuando tengan poder de compra. “Critico los metadiscursos: idealistas, iluministas, el cristiano, el marxista y el liberal, incapaces de conducir a la liberación. La cultura posmoderna se caracteriza por la incredulidad con respecto a los metarrelatos invalidados por sus efectos prácticos y actualmente no se trata de proponer un sistema alternativo al vigente, sino de actuar en espacios muy diversos para producir cambios concretos. Defiendo, decía, la pluralidad cultural y la riqueza de la diversidad”. Todo un pastiche ideológico (Ramos dixit). O dicho en código Heideggeriano: es como “una caída en la metafísica de la mismidad”.

Ese discurso postmoderno no conduce a ninguna parte y eso está ocurriendo con los movimientos que observamos en Europa, como los “indignados” que entusiasmaron a grupos de inconformes durante un tiempo y ya dejaron de ser por no tener una ideología que los sustente. En Venezuela, vivimos las consecuencias de los errores de un gobierno como el de Maduro, irresponsable, un verdadero desastre, por lo que manifestarse es lícito, lógico e incluso saludable, pero plantear consignas maximalistas del tenor de la “salida ya”, sólo causó una nueva frustración a los manifestantes minoritarios que siguieron esa consigna, típica de un movimiento de derechas postmoderno que en el fondo no tiene claro qué es lo que busca ni cómo encontrarlo.

Protestar con señoras decentes y muchachos de colegios, educados en buenas maneras, sin otra arma que sus libros o “tablets”, para enfrentarlos a unas hordas asesinas, armadas y protegidas por el Estado, más que una locura es una irresponsabilidad. Allí está la terrible consecuencia de más de cuarenta vidas útiles perdidas en una supuesta “revolución” sin metas ni objetivos claros. Ese movimiento que no salió de ningún acto espontáneo, sino de consignas de un sector de la oposición que actuó por la libre, incluso contrariando la decisión de la MUD - donde ellos también participan - que ordenaba no utilizar la marcha estudiantil con consignas partidarias, deben rectificar para poder enderezar el rumbo de un tiempo perdido con gravísimas consecuencias. Y hay que decírselos, aunque se molesten, porque pareciera que les debemos disculpas por el errorcito.   

Ese movimiento de derechas postmoderno no es más que un divertimento, una pose, un complemento “way”, “in”, “cool”, de la personalidad ultraindividualista propia de sectores acomodados, confiados en un “voluntarismo” que (“porque como yo salí hoy, por primera vez en mi vida, a una marcha con una banderita se cae el gobierno”) es ficción, es virtual y nunca va, ni siquiera a acercarse a la toma del poder, pero lo grave es que estorba a quienes sí tenemos un plan para gobernar.

Ese plan es viable sólo y únicamente acumulando fuerzas, unidos todos los que hemos cometido errores por acción u omisión pero rectificándolos, al lado de los sectores populares, acompañándolos en sus problemas cotidianos hasta llegar, unidos, a las elecciones parlamentarias, ganarlas, y luego… ya ustedes verán.

aecarrib@gmail.com

@EcarriB