• Caracas (Venezuela)

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Nelson Rivera

Libros: Gay Talese

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Desplegar un telón de fondo, de modo que ciertos detalles produzcan un efecto de alto contraste, como si una luz ultravioleta se posara sobre las cosas para que ellas adquiriesen la potencia de revelar al mundo. Envolver los hechos de sucesivas preguntas, pero de unas preguntas que comparten la vocación y las formas de aquello por lo que se interroga. Escribir desde el periodismo, pero con la ficción instalada en la nuca. Mostrarse siempre dispuesto a aprender de los hechos y de la vida. Hacer sentir al lector que, aunque se trata a fin de cuentas de una indagación, hay un sentido mayor, un razonamiento del para qué, que ha sido rigurosamente pensado. Regresar a ciertas opiniones o hechos, en especial cuando su peculiaridad los hará recordables. Persistir ante la historia que se quiere contar. Aguardar. Volver a tocar el timbre, que en algún momento algo se abrirá o alguien aparecerá. No dejar las frases reflexivas para el final: si se entregan a lo largo del texto, ellas van creando un ambiente de vínculo más intenso y de mayor exigencia entre el autor y el lector. Desviarse, cada vez que sea posible, de las rutinas de las cinco preguntas (qué, quién, dónde, cuándo y por qué). Formular un ritmo y trabajar la escritura para que ella sea su silencioso secreto. Atreverse en el momento en que la historia ofrece un flanco inesperado. No abusar de las analogías, pero cuando se presente la ocasión, ejercerla de modo que resulte inolvidable. Reconocer, desde el primer minuto, que la historia variará, que ella cambiará su color y su perspectiva entre el comienzo y el final. Mantener todos los sentidos en lo que rodea al protagonista o a los hechos: allí se encontrará precioso material narrativo. Despojar a la historia del dramatismo, del jadeo o el nerviosismo de lo inmediato.

Y así: podría seguir listando las pequeñas fluctuaciones que son esenciales en el punto de vista, en el modo de imprimir, en la extraordinaria ejecución narrativa de Gay Talese. Acabo de leer El silencio del héroe (Editorial Alfaguara, España, 2013), su colección de notas dedicadas a los deportes (que incluye su maravilloso texto dedicado a Joe Di Maggio, así como varias de las piezas sobre y alrededor del boxeador Floyd Patterson), y me digo esto: estas expresiones de virtuosismo no son suficientes. Lo que le hace un maestro es su resistencia a la velocidad de los hechos. A su decisión de escribir en un tempo propio, que permita ver la realidad desde un sosiego esencial. Y es que Talese hace esto: comienza a escribir desde afuera y termina adentro. Internaliza el espíritu de los oficios o de los hechos sobre los que escribe. Recién me percato de que Talese es un sujeto compasivo. Rara ave: un periodista que se coloca en los zapatos de los demás.