• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Daniel Lansberg Rodríguez

No dejen para Guyana lo que pueden destruir hoy

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Venezuela, al igual que muchos países de América Latina, padece de una cuota poscolonial de disputas territoriales y agravios históricos: Bolivia acusa a Chile de haberse apoderado de su salida al mar, Guatemala disputa media o la totalidad del territorio de Belice (dependiendo de quién está a cargo), y por supuesto no olvidemos las Malvinas –esa colección de rocas poco pobladas por las cual murieron casi 1.000 personas hace unas décadas–. Para los venezolanos, la dolorosa ausencia de nuestro Esequibo, aunque menos sanguinaria, es igualmente sentida, más aún cuando la mayoría del mundo la considera territorio soberano de la República Cooperativa de Guyana.

Afortunadamente, no es común en el siglo XXI que peleas fronterizas como estas se vuelvan violentas y normalmente resultan de poca consecuencia geopolítica fuera del ámbito de la política doméstica, las relaciones bilaterales entre los países afectados y tal vez la fabricación de mapas nacionales.

Los detalles legales que rodean la disputa con Guyana son complejos y a pesar que la mayoría de los venezolanos conocen la historia, creo que vale la pena repetirla.

Guyana originalmente era una colonia holandesa llamada Esequibo que fue entregada a la Gran Bretaña como parte del Tratado de Londres en 1814. Sin embargo, dicho tratado no delineaba una frontera occidental de este nuevo premio de la corona inglesa, por lo que los británicos –como era costumbre para ellos en épocas imperiales–, decidieron definirla de forma unilateral. Para tal fin contrataron a un aventurero anglo-alemán llamado Robert Schomburgk, quien tras instalarse unos meses en la selva caribeña, eventualmente delimitó una demarcación en la cual otorgaba tanto la desembocadura del Orinoco como unos aproximadamente 160.000 km2 de territorio adicional a Inglaterra.

El gobierno independiente de Venezuela no tardó en rechazar lo ocurrido, pero dada la pobre economía poscolonial, carecíamos de medios para oponernos exitosamente en contra de lo que –en ese entonces– era el imperio dominante a nivel mundial. Sin embargo, décadas después y tras el descubrimiento de oro en el Esequibo; Caracas tomó la inusual decisión de solicitar ayuda estadounidense, buscando canalizar la profunda sospecha que le tenían los norteamericanos a las colonias europeas como Guyana que aun permanecían en el nuevo mundo. Estados Unidos actuó lentamente, pero eventualmente –aprovechándose de un momento de debilidad británica dada su guerra en Sudáfrica– apresuraron a los británicos para que concedieran el asunto a un arbitraje internacional.
La corona eventualmente accedió a las demandas de su excolonia

y en 1899 un tribunal conformado por cinco hombres (dos nobles británicos, dos jueces estadounidenses y un diplomático ruso) dictaminó en una decisión 3-2 que mientras Venezuela recuperaba el Delta del Orinoco, sin embargo perdíamos la mayoría del territorio disputado. Desde entonces Venezuela ha negado la legitimidad de lo ocurrido alegando la existencia de un pacto político clandestino, es decir un chanchullo, entre Gran Bretaña y Rusia para privar a Venezuela de su territorio soberano.

En vísperas de la independencia de Guyana de Gran Bretaña en 1966, una nueva comisión internacional fue creada para retomar la disputa del tema auspiciada por las Naciones Unidas, en la búsqueda de una “solución práctica y satisfactoria”, solución que aún no ha llegado.

De tiempo en tiempo el gobierno venezolano desempolva la historia cuando le parece conveniente, en esta ocasión tras el reciente anuncio de Exxon al haber encontrado un “significativo” hallazgo de petróleo en el Esequibo.

Dicho anuncio ha impulsando, una vez más, una nueva manada de mentadas gubernamentales a Guyana, pero sobre todo a Exxon. Desafortunadamente, para Venezuela nuestras exigencias son de poco interés, y es nuestra  relación con Guyana lo que se ve más afectada.

Cuando el tema de la extracción petrolera en el Esequibo surgió a principios de este año, la ministra Delcy Rodríguez, envió una nota a Exxon pidiéndoles que por favor suspendieran sus actividades en la región impugnada. Como era de esperar, dada la tensa relación entre la revolución y el gigante petrolero después de las nacionalizaciones de sus proyectos petroleros y nuestra negación a pagarles los robustos montos que según la Ciadi les debemos al respecto, no hubo respuesta, salvo por una solicitud de parte del gobierno de Guyana para parar nuestra intromisión.  

Sin embargo, cuando esto no produjo la respuesta deseada, Maduro siguió escalando su retórica, decretando oficialmente en Gaceta Oficial, el 26 de mayo, que el control militar de Venezuela sobre las aguas costeras venezolanas llegaba a Surinam, negándole así a Guyana una salida al mar. Guyana respondió denunciando los intentos venezolanos de “anexión”, cancelando vuelos locales a Caracas y solicitando una intervención de la ONU para forzar una solución judicial definitiva.

En 1981, el dictador militar argentino Leopoldo Gautier se enfrentaba con muchos de los mismos problemas que actualmente angustian al gobierno de Nicolás Maduro, incluyendo la hiperinflación, la impopularidad y el aislamiento internacional resultante de sus encarcelamientos políticos y numerosas violaciones de los derechos humanos. Al escalar la disputa de las Malvinas, Galtieri brevemente logró estimular una oleada de entusiasmo nacionalista que brevemente lo elevó al pináculo del aprecio nacional, pero que eventualmente resultó en una escalada catastrófica con la Gran Bretaña, que culminó en una guerra desastrosa, con la caída de su gobierno y su eventual encarcelamiento.
Confío en Venezuela, país que desde su independencia jamás ha invadido a sus vecinos por caprichos belicosos.

Sin embargo, tales escalaciones hacen a Venezuela parecer a la imagen imperialista que tanto critican y los países de la Caricom se organizan instintivamente hacia la defensa de uno de los suyos. Además, si bien es Exxon quien tiene la mayor participación en el proyecto petrolero, una participación de 25% está actualmente en manos de una filial China y el régimen de Maduro depende en gran medida de la buena voluntad (y préstamos regulares) de Pekín, ¿estarán dispuestos a debilitar esa crucial relación solo por crear una nueva cortina de humo? No lo creo, pero, con estos gobernantes, ¿quién sabe?

Recordemos que fue el gobierno del fallecido Hugo Chávez el que, en 2004, le concedió al gobierno de Guyana carta blanca para negociar con las multinacionales para desarrollar el Esequibo. Ese permiso, aunque técnicamente no sea jurídicamente vinculante, es la base con la cual el gobierno guyanés busca justificar el desarrollo de nuevos proyectos en la región –y no olviden que, por lo menos oficialmente, todas las decisiones de Chávez fueron infalibles.