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Carlos Sánchez Berzain

¿Cuándo se deja de ser una democracia?

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El premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa ha declarado esta semana desde Caracas, que “Venezuela ha dejado de ser una democracia”, que en la situación venezolana hay una enorme responsabilidad de los grandes países democráticos latinoamericanos “que han mantenido una neutralidad que se parece mucho a la complicidad”, neutralidad que ha calificado de “oportunista y una manifestación de cobardía”. Sin duda, Vargas Llosa tiene razón. Su declaración plantea -entre otras- la cuestión de cuándo un país deja de ser una democracia.

La manera positiva de saber cuándo se deja de ser una democracia, sujeta al derecho internacional e interno vigentes, es aplicar la Carta Democrática Interamericana, una norma obligatoria para los Estados de las Américas, pues de trata de un instrumento jurídico firmado por todos los miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA), aprobado en la Sesión Especial de la Asamblea General de 11 de septiembre de 2001 de esa Organización como una actualización de su Carta fundacional.

La Carta Democrática establece en su artículo 3 que los elementos esenciales de la democracia, “son entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”. En estricto sentido jurídico un estado americano deja de ser una democracia cuando le falta cualquiera de los elementos esenciales de la democracia. Pero si consideramos que la ausencia de uno o varios de estos elementos podría ser temporal y anteponemos el concepto “crisis de democracia” al de “pérdida de la democracia”, encontramos que la propia Carta Democrática Interamericana señala un mecanismo para tratar y resolver las crisis como “una alteración del orden constitucional que afecte gravemente su orden democrático”.

El artículo 20 de la Carta manda que “cualquier Estado miembro o el Secretario General podrá solicitar la convocatoria inmediata del Consejo Permanente” el que “según la situación, podrá disponer la realización de las gestiones diplomáticas necesarias, incluidos los buenos oficios, para promover la normalización de la institucionalidad democrática”. “Si las gestiones diplomáticas resultaren infructuosas o si la urgencia del caso lo aconsejare el Consejo Permanente convocará de inmediato un período extraordinario de sesiones de la Asamblea General para que ésta adopte las decisiones que estime apropiadas, incluyendo gestiones diplomáticas...”

Cuando nada de eso se cumple y como en el caso de Venezuela y de otros países, cuando se violan todos los elementos esenciales de la democracia y ninguno de los mecanismos se pone en marcha porque la mayoría de los gobiernos miembros de la OEA en lugar de defender la democracia cumpliendo con la Carta, la ignoran, la violan, bloquean los mecanismos establecidos y la suplantan con el bloque político del socialismo del siglo XXI (Unasur), ya no hay democracia. Entonces parece no existir más alternativa que la adoptada por los jóvenes venezolanos: la calle.

Se evidencia la pérdida de la democracia cuando hay fraude electoral; cuando hay persecución política, presos y exiliados; cuando hay utilización del poder judicial como instrumento de represión; cuando el gobernante controla todos los poderes del estado; cuando se viola la libertad de prensa; cuando se confiscan medios de comunicación y se los concentra en poder del gobierno; cuando el jefe del gobierno se pone por encima de la ley, termina con el estado de derecho y se perpetúa indefinidamente en el poder, “creando su propia legalidad” que no es lícita ni legítima.

Un país deja de ser una democracia cuando se viola como política de gobierno o de estado uno solo de los elementos esenciales de la democracia. En Venezuela y en los denominados países del socialismo del siglo XXI se han violado todos, y desde hace muchos años. El proyecto político iniciado por Castro y Chávez, está fundado en la liquidación de la democracia y su suplantación por las “dictaduras del siglo XXI” con careta de democracia. El caso de Venezuela es solo el primero en crisis terminal.