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Fernando Luis Egaña

La decadencia de la satrapía

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Una satrapía es un despotismo habilidoso. Y habilidoso, sobre todo, para  proyectarse de manera potable, para que no parezca tanto lo que es.  En el caso de la satrapía bolivarista, para dar la impresión de que es una democracia, así sea con bemoles, así sea, como dijera un locuaz embajador gringo: “Una democracia con sabor tropical”...

En este sentido, la decadencia de esta satrapía no significa que esté a punto de desaparecer o que haya entrado en una etapa necesariamente terminal. Si eso es así o no, no lo sabemos. La decadencia, en los términos de estas líneas, lo que significa es que la satrapía se ha debilitado en su capacidad para disfrazar su verdadera faz. Está menoscabada en sus artes de disimulo. Por eso se percibe más corrupta, más ineficiente y más dañina para Venezuela.

No se trata de que en efecto sea mucho más corrupta, ineficiente y dañina que en los tiempos del predecesor. No. Se trata de que entonces esa realidad intrínseca se podía oscurecer un poco o bastante con la verborragia del poder. Si hasta Jimmy Carter se preciaba en calificarla como una “revolución democrática”. De hecho, de los 15 años y medio que lleva de existencia, 14 son del hegemón de la hegemonía.

Pero con el sucesor se ha hecho más difícil el guardar las apariencias de una supuesta democracia. Las costuras van más por fuera que por dentro, en materia de violaciones de derechos humanos, abusos de poder, degradación del dominio público. La satrapía es cada vez menos habilidosa y las evidencias pesan cada vez más. No es por nada que se sienta más despótica, más depredadora, más siniestra. De allí su decadencia.

Y era tiempo que fuera así, porque la satrapía roja es un agregado de mafias o carteles, algunos tapareados con discursos ideológicos y otros no, que han hecho del Estado una jaula, de la economía un botín, de la sociedad una anomia.

En la jefatura de la satrapía hay generales cartelizados, ministros plutócratas, parientes potentados, socios boliburgueses, mandones extranjeros, entre otras expresiones de la muy mal llamada “revolución”, que tampoco es una involución, porque esta situación no tiene precedente en la historia contemporánea ni tampoco en los tiempos más sombríos del viejo autoritarismo venezolano. Es un salto en el vacío. En el vacío de la destrucción profunda y extendida de una República.

En principio, la decadencia de la satrapía podría ser una noticia auspiciosa para los que luchan por hacer posible la reconstrucción democrática de Venezuela. Que en efecto sea así, sin embargo, dependerá de que las fuerzas político-sociales que buscan representar esa causa, logren constituir una alternativa de gobernabilidad, que sea creíble no por la impresión de la propaganda sino por la densidad del liderazgo. En estos momentos eso no está sucediendo.

Lo que sí sucede es que la satrapía decadente se hace más gravosa y perjudicial para el conjunto del país. En lo político, lo económico y lo social. La mezcolanza de conflictos internos del oficialismo, con el caos económico, con el renovado auge de la boliplutocracia, con la hipoteca petrolera, con la extendida violencia criminal, y con otros muchos males, configura un panorama que nadie es su sano y recto juicio quisiera para su país, para su comunidad, para su familia o para su persona.

Ojala y la decadencia de la satrapía haga que se abran las posibilidades para una nueva etapa de Venezuela. Pero no se van a abrir por sí solas. Por eso hay que luchar con más perseverancia y con más visión de lo nacional. No hay otra...