• Caracas (Venezuela)

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S:D:B Alejandro Moreno

¿De todos?

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Por activa y por pasiva, en todos los tonos, con todos los matices y ondas del espectro, se nos ha dicho y obligado a oír que todos somos responsables de la inseguridad que en el país entero se padece.

El presidente: “La seguridad es responsabilidad de todos”. Y más claro: “Todos tenemos que asumir la responsabilidad, yo asumo la mía”. La suya, de ese modo, se dispersa y se diluye en la de todos.

El nuevo rector de la UNES, la universidad que debe formar la mente, la práctica y la moral de los futuros agentes de policía: “Estamos conscientes que (el queísmo es suyo) la seguridad es una tarea de todos, pueblo, gobierno y otros órganos del poder público”.

El ministro: “La seguridad es un problema absolutamente de todos (…) que tenemos que enfrentarlo todos”. Y llama en su apoyo nada menos que al papa, sacando sus palabras de contexto, claro está. ¿Está seguro de que no lo estamos enfrentando todos? Ponemos rejas y cerraduras por todas partes, tratamos de no salir de noche sino por extrema necesidad, siempre queremos ir acompañados, nos guardamos los relojes donde no se vean, cerramos los vidrios del carro y los ahumamos, miramos de reojo a todos lados cuando caminamos… ¿Sigo? No, porque no hace falta. Enfrentar la inseguridad se ha hecho carne de nuestra carne, sangre de nuestra sangre, aire de nuestros pulmones, lo cotidiano de nuestra cotidianidad. Y con todos los medios a nuestro alcance. ¿Quieren más el ministro, el presidente, el rector? ¿Por qué no ponen ellos los suyos, los que poseen ellos solos, los que están obligados a poner por oficio, por salario, esto es, por elemental justicia de quien recibe un sueldo para eso, por deber?

La responsabilidad va siempre asociada a la culpa, pasada, presente o posible futura. Si todos somos responsables de la violencia anterior, de la actual y de la que vendrá, todos somos culpables de ella. Esto es en último término lo que el poder quiere hacernos pensar y sentir, para librarse él de la montaña de culpa que carga sobre sus espaldas y no tener que responder con trabajo y compromiso a las vitales necesidades de todos, esta vez sí, de todos los venezolanos.

Tratan de eludirlo culpando y exigiendo responsabilidad a toda la sociedad en general lo que significaría nadie si ellos mismos no se apresuraran a particularizar: los empresarios y comerciantes que fomentan el consumismo y el capitalismo egoísta, las posiciones políticas opositoras que difunden expresamente los valores de la violencia y la droga, la educación “privada”… y ahora sobre todo hoy los medios de comunicación. Culpan y responsabilizan sin argumentos mínimamente serios de ningún tipo, atreviéndose además a confesar que no saben si de veras pueden afirmar eso con fundamento. En efecto el mismo ministro lo ha dicho palmariamente: “Necesitamos más estudios para saber por qué ocurren crímenes (…) tenemos que buscar información y hacer estudios sociológicos, criminológicos…”. ¿Y entonces?

La conclusión de toda esta dinámica de un discurso distribuidor de culpas y responsabilidades parece muy clara: no se trata de perseguir, controlar y eliminar la inseguridad que sufrimos los venezolanos sino de hacer todo eso pero contra los que este poder considera sus enemigos, los que no aceptan su revolución. Lo demás es tapadera verbal. Pura culpa real e irresponsabilidad.

Lo primero y más importante que hay que asegurar es la revolución; la vida de los venezolanos es no sólo secundaria sino instrumental, un medio para asegurar lo principal. La revolución cuando llegue de lleno, y si llega, acabará con los malandros, y los habitantes del país que queden vivos, si queda alguno, estarán seguros. Consolador.