De lo que haya
31 de diciembre 2012 - 08:10
Y es que si del próximo Presidente hablamos, quien sea que asuma esa posición en la fecha constitucionalmente establecida, habrá de serlo en efecto de lo que haya, o también podría decirse “de lo que quede”, porque cualquiera sea la forma de decirlo ello alude a la realidad del país, llevado a la miseria y brutalmente degradado en muchos aspectos, por la cáfila militar que detenta el poder.
Se trata una vez más de considerar la conducta del comandante y de su séquito de rastreros adulantes, que mientras él miente fiel a su condición de farsante, se encargan de (y logran manipular a) sus fanatizados militantes, traduciendo un sentimiento lastimero, de conmiseración, en apoyo electoral, y aumentando a partir de una supuesta religiosidad y de una histriónica simulación de ser un creyente, los rezos por la recuperación de su salud.
Si dedicáramos este espacio a referirnos a él tendríamos que reiterar al infinito lo tantas veces dicho de sus temores, operaciones, infecciones, recaídas, viajes, pero sobre todo de sus mentiras, simulaciones, manipulaciones y desapariciones. Como habría que hablar de la angustia de la dirigencia cubana ante la enfermedad suya, sumidos en terrible nerviosismo temiendo su cese en el cargo, desesperados ante un eventual regreso a lo que padecieron en los años noventa con la caída de la Unión Soviética que entonces los mantenía, como hoy cuando es total el soporte financiero de Venezuela gracias al cual los hermanos Castro y la isla sobreviven.
Preferible, ante la incertidumbre que el comandante ausente y la ambiciosa dirigencia de su partido imponen, volver los ojos a nuestro país.
Siempre ha de requerirse, y especialmente en circunstancias como las que hoy padecemos, una voz de aliento y esperanza, de un nuevo impulso para seguir luchando por tener un país en desarrollo, cada vez más inclusivo y solidario, de libre acceso a la información oficial y pública, de instituciones firmes y con una ciudadanía en goce de reconocimiento por participativa.
Está claro que sin prensa libre, independiente, la sociedad y en particular el sistema republicano, pierden uno de sus instrumentos básicos para controlar los desmanes gubernamentales, fortalecer la democracia y promover la participación colectiva en el debate cívico.
Si bien en determinado momento palpamos un cierto marco de libertad para el ejercicio periodístico, es de señalar que desde hace ya tiempo los márgenes de ella se vienen constriñendo en forma opresiva, y si no se manifiesta la censura en prohibir publicar opiniones, a cambio se practican otros modos de silenciamiento; como el hostigar a periodistas y medios, persecuciones y trabas administrativas dentro de un ahogo económico, la invención de causas judiciales por supuestos “delitos”, la aprobación de leyes restrictivas y con orientación discriminatoria, así como la creación y despliegue de un vastísimo y caro bloque de medios paraoficiales, levantados en uso descarado de recursos del Estado.
Acerca de la libertad de expresión, un distinguido ensayista argentino hizo la acertada observación de que “Periodistas y medios vivimos en libertad vigilada, en libertad condicional”.
Debemos mantener la convicción de que la pluralidad de colores y voces de la sociedad, unida a la actitud de asumir errores y tolerar la crítica, constituyen sólidos soportes de una comunidad en sano crecimiento: así como la persecución ideológica, el agravio, y hacer de quien tenga una opinión distinta a la nuestra un enemigo, niegan la convivencia y atentan contra derechos humanos fundamentales. Y entendamos que los pueblos que en verdad maduran y progresan, son aquellos en los que mayorías y minorías conviven y se respetan mutuamente.

