• Caracas (Venezuela)

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Miguel Ángel Cardozo

Entre datos y profecías

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Et vidi, cum aperuisset Agnus unum de septem sigillis, et audi vi unum de quattuor animalibus dicens tamquam voce tonitrui: “Veni”.

Et vidi: et ecce equus albus; et, qui sedebat super illum, habebat arcum, et data est ei corona, et exivit vincens et ut vinceret.

Et cum aperuisset sigillum secundum, audivi secundum animal dicens: “Veni”.

Et exivit alius equus rufus; et, qui sedebat super illum, datum est ei, ut sumeret pacem de terra, et ut invicem se interficiant; et datus est illi gladius magnus.

Et cum aperuisset sigillum tertium, audivi tertium animal dicens: “Veni”. Et vidi: et ecce equus niger; et, qui sedebat super eum, habebat stateram in manu sua.

Et audivi tamquam vocem in medio quattuor animalium dicentem: “Bilibris tritici denario, et tres bilibres hordei denario; et oleum et vinum ne laeseris”.

Et cum aperuisset sigillum quartum, audivi vocem quarti animalis dicentis: “Veni”.

Et vidi: et ecce equus pallidus; et, qui sedebat desuper, nomen illi Mors, et Infernus sequebatur eum; et data est illis potestas super quartam partem terrae interficere gladio et fame et morte et a bestiis terrae. (Apoc. 6:1-8)

 

Muchos son los análisis que intentan explicar la actual crisis, cada uno con el valor de arrojar luz desde su particular perspectiva, pero lo verdaderamente sustantivo es que el tan evocado “ciudadano de a pie” ya siente de manera punzante todo el devastador efecto de las políticas implementadas en los últimos quince años.

Esa es la viva manifestación de lo que las contundentes cifras han venido mostrando desde hace tiempo, sin que ello sirviese para alertar oportunamente a ese ciudadano; quizás, por tan solo estar expuestas en la siempre distante vitrina académica.

Indicadores, hay para escoger; todos con las limitaciones propias de cualquier medio con el que se intente una válida aproximación a un determinado fenómeno. No obstante, los distintos resultados apuntan hacia la misma realidad: el paulatino empobrecimiento de un país rico en talento y recursos.

El copioso arsenal de datos disponibles evidencia en sectores clave –y con pasmosa claridad meridiana– lo que el esperanzador discurso se esfuerza en camuflar, dejando al descubierto una tierra quemada sobre cuyos escombros se intenta edificar la utopía de unos pocos, causa nostrae tribulationis.

 

La salud

De un secreto a voces pasó a convertirse en un desesperado grito de angustia el clamor por la calamitosa situación del sistema sanitario venezolano, cuya consecuencia esperada es el quebranto no sanado y la prematura extinción de la llama de la vida.

Una pequeña muestra de esto la constituye el que –en medio de un caudaloso flujo de dólares hacia el país gracias a la renta petrolera– la tasa de mortalidad de niños menores de 5 años tan solo haya disminuido 7,44 puntos entre 1998 y 2010, para ubicarse al final de ese período en 15,98 –de acuerdo con datos suministrados por el propio Instituto Nacional de Estadística a la Organización Mundial de la Salud–, y que el porcentaje de defunciones maternas del total de defunciones de mujeres en edad reproductiva haya pasado de 8,1% en 1990 a 6,2% en 2010 (WHO, 2014, http://www.who.int/gho/countries/en).

Lo curioso es que en el caribeño país insular exportador de dudosos profesionales de la salud –que se intercambian como si de naranjas se tratase–, ese personal sí parece obrar los milagros que no materializa en Venezuela, dado que en el año 2010 –según datos de la misma Organización Mundial de la Salud–, la tasa de mortalidad de niños menores de 5 años en Cuba solo llegó a 5,81 y su porcentaje de defunciones maternas del total de defunciones de mujeres en edad reproductiva fue apenas de 2,9% –aunque esto representó un retroceso en esa nación, ya que para 1990 el porcentaje registrado fue 2,7–, y todo dentro de un sistema sanitario que es más ficción que realidad, con un abismal atraso en relación con el avance científico y tecnológico que se logró durante décadas en el venezolano.

Por supuesto, podría aducirse que estas cifras no reflejan la situación actual, pero los datos extraoficiales más recientes –que ni se divulgan oportuna y apropiadamente en el país ni se reportan a organizaciones internacionales– no son nada alentadores, a lo que se suma –por ejemplo– el padecimiento de centenares de miles de personas que hoy se ven privadas de medicamentos e insumos necesarios para afrontar problemas tan variados como la diabetes, el cáncer, el VIH/SIDA y muchos otros; y ni hablar de los estragos que sobre la vida y la salud del pueblo venezolano ha ocasionado la peor de sus patologías contemporáneas: la delincuencia.

 

La educación superior

El cerco presupuestario a las universidades autónomas y los continuos embates a todo el sector nacional de educación superior, aunado a la escasez de estímulos para hacer carrera en la docencia universitaria y a la irreparable fuga de talento de los últimos años, verificable en indicadores como el Índice de Estados Fallidos (The Fund for Peace, 2014, http://ffp.statesindex.org), ha conducido a una merma de la competitividad de la academia del país en el contexto internacional.

Como ejemplo del efecto que esto ha tenido, la universidad venezolana mejor posicionada en 2013 en el SCImago Institutions Rankings –la Universidad Central de Venezuela–, ocupó el puesto 939; 114 posiciones menos que en su edición de 2009, en la que esta misma universidad se situó en la 825 (SCImago Research Group, 2013, http://www.scimagoir.com).

Para poner esto en perspectiva, basta con señalar que la brasileña Universidad de São Paulo ocupó la quinta posición en la edición de 2013 del mencionado ranking, mientras que la Universidad Nacional Autónoma de México se ubicó en la 99, otras cuatro universidades brasileñas entre la 135 y la 221, la Universidad de Buenos Aires en la 245, dos universidades brasileñas más en la 262 y en la 311 –respectivamente–, y la Universidad de Chile en la 366 –por mencionar solo las universidades latinoamericanas más destacadas, ya que muchas otras de la región también ocuparon mejores lugares que las pocas venezolanas que allí figuran–.

Y que a nadie se sorprenda de que las tres primeras posiciones las sigan ocupando la estadounidense Harvard University, la japonesa University of Tokyo y la canadiense University of Toronto; ni que el cuarto lugar lo ocupe ahora Tsinghua University, sin que esto sea opacado totalmente por el inevitable hecho de ser deudora de las intensivas –y no pocas veces abusivas– prácticas de la capitalista China “comunista”.

 

La ciencia, la tecnología y la innovación

Son centenares las páginas que se podrían escribir sobre la evolución y la situación actual de la investigación, el desarrollo y la innovación en Venezuela, pero un importante índice –tanto por la cantidad y la calidad de los indicadores que se emplean en su cálculo, como por la robusta metodología utilizada en tal labor–, refleja dramáticamente la situación de este sector.

Se trata del Índice Mundial de Innovación, en cuyo ranking general de su edición de 2013 Venezuela se ubicó en el lugar 114 –entre 142 países–, ocupando además la penúltima posición en el contexto latinoamericano, solo por delante de Nicaragua, que se situó en la 115 (Cornell University/INSEAD/WIPO, 2013, http://www.globalinnovationindex.org/content.aspx?page=gii-full-report-2013).

Esa no es más que la consecuencia del progresivo deterioro de las capacidades del país para producir conocimiento, fomentar la creatividad y el emprendimiento, e impulsar –en las cada vez menos organizaciones e industrias– procesos que permitan satisfacer en forma novedosa las crecientes demandas de los venezolanos por una mejor calidad de vida.

 

¿Y mientras tanto?

Mientras tanto, millones de personas detrás de los fríos números padecen lo indecible y en su desesperación corren el riesgo de quedar atrapadas en el espejismo de la predestinación, reforzado por seudoideologías y modernos visionarios de la mentira.

Mientras tanto, la violencia, la carestía, la enfermedad y la muerte –como los temibles jinetes del profeta–, recorren desenfrenadas una tierra otrora pujante, pero continuamente se topan con la férrea voluntad de un indómito pueblo dispuesto a transmutar sellos y trompetas en oportunidades de un futuro mejor.