• Caracas (Venezuela)

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Francisco Javier Pérez

La cultura judía en un diccionario

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La recuperación del léxico de una lengua deviene en el logro más singular de los diccionarios. Acompañada de una técnica de descripción y de un saber sobre la materia, la recogida léxica será, en definitiva, la que paute el mérito de cualquier diccionario, pues supondrá la respuesta al uso inmediato y la gestión de evaluación significativa sobre lo que el léxico representa para una comunidad de hablantes.

Representatividad y significación, entonces, como los temas capitales a tener en cuenta en la recolección léxica y en la elaboración diccionariológica. Ellos determinan el sentido del diccionario, el método para su elaboración, su estructura y su artesanía explicativa. También, claro, el impacto que deberá tener sobre los hablantes, ya que más que ninguna otra especie metalingüística (la lengua que estudia la lengua) es el diccionario el que más se entromete en la vida de los usuarios y el que domina, en suma, los derroteros semánticos de los que hablan una lengua.

Los refinamientos disciplinarios formales que se imponen los autores de diccionarios no son otra cosa que una consecuencia de lo que quiera explicarse y de las voces que se hayan convocado para ser la imagen de una lengua toda, de una variante dialectal, de una especia jergal, de un sector tecnolectal o de un ámbito específico del saber. En otras palabras (y ajenos a todas las formas de la utopía), el léxico de una lengua podrá describirse en su totalidad o en sus parcialidades gracias al diccionario y ello determinará la forma que deba manifestar el prodigio analítico para cumplir el rol icónico que le corresponde por naturaleza, no otro que ser la imagen de una lengua (y de una cultura) tal como las palabras (entidades con vida propia), así lo quieran.

Estas ideas, y otras que espigaremos seguidamente, se agolpan para intentar evaluar la naturaleza y la riqueza de este Diccionario de cultura judía en Venezuela. Una mirada inconclusa (Asociación Israelita de Venezuela/ Centro de Estudios Sefardíes de Caracas, 2014) y la contribución enorme que él reporta. Esta hermosa obra pretende convertirse en la imagen de la cultura judía en Venezuela a través de las palabras que la determinan (en otra terminología, entradas y lemas que componen el diccionario) y gracias a un aparato descriptivo ajustado a estos fines. Por ello, el usuario-lector encontrará en sus páginas un nutrido y diverso repertorio de tópicos temáticos que le permitirán ordenar el cuadro prodigioso de lo que ha significado y significa la materia judía en nuestro país.

Sin ánimo de aplauso fácil, sus autores, la exquisita y reconocida escritora y poeta Jacqueline Goldberg –una de las voces esenciales de la lírica más renovadora y perdurable de la Venezuela de hoy– y Abraham Levy Benshimol, profesor universitario y destacado líder de la comunidad judía de Venezuela, han querido hacer de este diccionario un complejo repertorio de propuestas descriptivas en el que se reúnan lo biográfico, histórico, contemporáneo, crítico, general, aperturista, multidisciplinario y lo pluritemático en un solo cuerpo de polifónicas intenciones. Cumplir con todo ello y, más todavía, que todo ello sea el retrato perfecto de la materia que se impone estudiar lexicográficamente, son méritos muy grandes de todo diccionario que éste ha alcanzado sin pretensiones y sí con muchas precisiones. El alcance de su contribución puede ser vislumbrado y calibrado por el rigor de una disciplina ganada por la rutina tesonera y por la pureza expositiva de los contenidos variadísimos que esta obra agrupa.

Como una coleccionista, la autora va recogiendo con generosa amplitud y con nutricia justicia los asuntos que deberán traducirse en palabras-lema de la obra y, asimismo, con conocimiento experto va ofreciendo de cada una de ellas las mejores informaciones y conceptos; sublime utilidad del diccionario que al unísono, como ninguna otra creación del intelecto, conceptualiza mientras informa e informa para conceptualizar. También, sin que lo notemos, está siempre allí la presencia ausente del crítico que evalúa sin cesar lo que debe estar y lo que silencia y lo que tiene que decir y lo que olvida. Ausente presencia del estudioso (ahora trocado en lexicógrafo) que, también sin cesar, decide cómo debe presentar lo que está y qué debe aportar sobre lo que está en relación a la semántica y a la temática que motivan la fragua del diccionario.

Hacer referencia, aquí, al contenido en sí de la obra no tiene sentido, toda vez que la agudeza y el rigor de este trabajo están a la vista. Sólo señalar que representa contribución gigante para el conocimiento de la cultura judía en Venezuela y para el conocimiento de Venezuela, pues la presencia judía ha sido y es clave en muchos ámbitos de la vida nacional de todo tiempo, al punto de no resultar fácil prescindir de esta materia cuando se busca comprender la médula compleja de la sociedad venezolana.

En otro sentido, sí señalar que la variedad de opciones de exploración en cuanto a la riqueza del corpus es muy grande, ya que no solo sigue los trayectos ortodoxos de la materia, sino que aborda todo tipo de contenidos en donde la materia judía esté en juego (por ejemplo, los artículos “Miss Venezuela” para resaltar la presencia hebrea en algunos aspectos del certamen; o el dedicado a monseñor Salvador Montes de Oca, que fue asesinado en Italia, en 1944, a manos de los nazis, el único venezolano que corrió esta desgracia: “Murió víctima de los nazis en la llamada masacre de la Certosa o del Monasterio di Farneta, cuando soldados de las SS ingresaron en la Cartuja donde los monjes habían hecho una excepción a sus votos de silencio absoluto y de aislamiento para dar refugio a un grupo de partisanos de la resistencia italiana antifascista. La noche del 1º de septiembre de 1944, los alemanes violaron el recinto y apresaron a los monjes y a sus huéspedes. Al día siguiente, se les permitió celebrar una última misa antes de ser repartidos en diversas cárceles, en las que serían torturados y fusilados alrededor del 10 de septiembre. Fueron doce los monjes asesinados, entre ellos el prior del Monasterio de la Cartuja de Farneta di Lucca, y el venezolano, monseñor Salvador Montes de Oca, cuyos restos permanecieron en una fosa común hasta 1967, cuando fueron reconocidos y enterrados bajo el presbiterio de la catedral de Valencia”).

El mejor elogio que puede quererse para un diccionario es el de los usuarios haciendo el reconocimiento de la obra. El diccionario participa, aquí, de su destino como libro. En una carta escrita por Thomas Mann a Theodor W. Adorno, en 1952, encontramos la clave. El novelista le confiesa al filósofo que le ha cautivado su tratado aforístico Mínima moralia. Le dice que cada bocado de este libro es una “delicia concentrada” y, tanto así, que cada palabra es tan densa que equivaldría a lo que ocurre con una ínfima partícula del espacio, que si la pesáramos en la Tierra sus pocos gramos espaciales corresponderían a varias toneladas terrestres. Confiesa también que cuando dice que ha leído suficientemente el libro, se le presenta y lo demanda algún tema nuevo y el embrujo continúa sin solución de culminación a la vista.   

Estamos en presencia de un libro con poderoso campo gravitacional y que embruja sin solución de continuidad. Estamos en presencia de un diccionario que será reconocido por sus usuarios y elogiado por ellos. Estos son los méritos agudos de esta notable investigación lexicográfica y quiero confesar, como Mann a Adorno, que me siento encantado con sus concentradas delicias, con sus muchas toneladas de saber y cautivado por ese encanto que impide dejarlo a un lado, seducido por cada una de sus nuevas y renovadas demandas.