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Carlos E. Weil Di Miele

Es culpe’ Chávez

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El presidente constitucional de Venezuela se llama Nicolás Maduro. Esta oración es tan lamentable como cierta, innegable y apocalíptica a la vez. Y nos toca a nosotros preguntarnos por qué esa oración existe, por qué hemos terminado en el lugar en el que estamos, que nos trajo a este punto de no retorno en el que el máximo representante del Ejecutivo es una especie de gallina sin cabeza que no deja de correr para huir así de las muerte a la que ya la última estocada la ha condenado.

La respuesta no es compleja. Maduro es presidente de Venezuela porque así lo dispuso Chávez, que dijo en esa última alocución, con la locura de los que se enfrentan a la muerte, que si algo pasaba, que si algo no salía bien, que si lo que él sabía que iba a ocurrir ocurría, el hombre era Maduro. Y ahí no hubo quien preguntara por qué, porque al comandante supremísimo, eterno y excelentísimo no se le podía cuestionar. Maduro y punto, y así lo acató el Diosdado, Maduro, el PSUV y aún más preocupante, los millones de personas que votaron por el sucesor seleccionado.

Todo esto para entender que el personalismo autoritario de Chávez trascendió a la vida. Como dirían los fanáticos más chavistas, Chávez vive. La afirmación es innegable, el legado del arañero es un pulso que continúa, que se mantiene hoy, que está presente en cada hombre que muere en las calles, en cada producto que falta en el mercado, en cada dígito de la inflación, en la subida de la gasolina, en la crisis económica, en la crisis farmacéutica y en los mil y un problemas innumerables que caen sobre nuestro país como plagas.

El culpable es Chávez, culpable por dejar en manos de un incompetente un país que ya se tambaleaba en el borde de una inestabilidad económica. Culpable porque en su forma soberbia de hacer política le enseñó a su grupo de poder que el error no existe, que no importa cuánto te equivoques, rectificar no es necesario. Culpable porque incluso después de su muerte, su legado es un cáncer que carcome al país a pedazos.

Si algo podemos aprender de esto es que la historia tiene sus consecuencias, para nosotros, como sociedad, el 6 de diciembre abrió un nuevo episodio, uno de reivindicación, de temple democrático y de conciencia colectiva. Lo que viene será determinante, nos tocará reconstruir un país y una sociedad y así romper con el legado de Chávez, con el personalismo, con la idea del hombre supremo capaz de resolverlo todo, nos tocará acabar con un mito que de a poco se ha autodestruido, y ahí debemos comprender, que así como diría la más opositora de las señoras del cafetal: todo esto es culpe’ Chávez.