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Miguel Ángel Cardozo

Un cuento inconcluso

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Existe la virtud, yo no lo niego,/ pero siempre en conjunto defectuoso;/ hay rasgos de virtud en el malvado,/ hay rasgos de maldad en el virtuoso. (“Verdades amargas”, s. f.)

 

De un joven para una heroica juventud:

En algún lugar, perdido en la memoria, surgió una generación de valerosos jóvenes, dotados de innumerables talentos y adornados con todas las gracias que la naturaleza es capaz de proporcionar, pero que continuamente eran asediados por los fieles súbditos del monarca de esa tierra, siempre temeroso de que aquellos amantes de la libertad desplegaran todo su potencial y lograran despertar las luces en el resto de su subyugado pueblo.

Dos eran los tipos de enemigos que sin cesar arremetían contra esa noble casta de hombres y mujeres excelsos, aunque en lo más íntimo de su ser eran movidos por el mismo avieso deseo de reducir a esa honorable juventud a un oscuro estado de postración y desesperación.

El primero estaba representado por personas profundamente resentidas con la propia existencia, sin la más mínima motivación para cultivar su espíritu y su intelecto, por lo que respondían prestos a los llamados de su rey cuando estos eran instigaciones a infligir daños entre las filas de los valerosos jóvenes por medio de la violencia, convirtiéndose así en una constante amenaza a la paz y a la vida.

No obstante, el segundo tipo era infinitamente más peligroso, una genuina expresión de maldad difícil de describir con palabras. Se trataba de los hijos de la envidia, cuyas despreciables armas eran la mentira, la insidia y la maledicencia, que empleaban sin el menor escrúpulo desde sus posiciones de poder en todos los espacios que habían logrado ocupar con la invisible cooperación del monarca y su corte, principalmente en los templos de enseñanza donde se formaban los jóvenes del reino y en los centros de labor en los que luego estos intentaban desarrollar su trabajo.

La nocividad de esta ralea era mayor, dado que actuaban solapadamente y entre las sombras, sin torva mirada y sin mordacidad en sus palabras, pero raudos y certeros a la hora de dividir a los valerosos jóvenes que, aunque colmados de extraordinarios dones, eran frecuentemente ciegos a la perversidad de esos terribles enemigos, siempre cercanos y amables, revestidos con la égida de la respetabilidad.

Eran estos los colaboradores más valiosos para el rey, porque constituían una inagotable fuente de intriga que impedía a aquella vigorosa flama consolidarse como una fuerza capaz de disipar las tinieblas que opacaban el brillo de aquella nación; y aunque no todos eran partidarios del inefable reinado de terror que asolaba esa tierra de gracia, su encubierta hambre de poder y su bien disimulado odio por el talento y la juventud, los convertía en los instrumentos perfectos del cruel monarca, quien se hacía más fuerte en la medida en que ellos lograban desprestigiar mediante sus infamantes y bien elaboradas manipulaciones a los descollantes jóvenes con la fibra, la capacidad y los méritos para tomar las riendas en todas las instancias del reino.

La mezquindad y la inquina de esos viles personajes ocasionaban más daño que la violencia de los resentidos, pero en conjunto, todos estos enemigos eran la causa de la ruina de esa región ya olvidada, de la que no se ha podido conocer su destino.

Quizás, la ingenuidad propia de los jóvenes, inclinados naturalmente a ver lo bueno en todo y en todos, los arrojó a las sutiles redes de sus más avezados enemigos, ocasionando su perdición. Pero tal vez, solo tal vez, la unión del subyugado pueblo con su juventud heroica permitió poner fin a las maquinaciones y abusos de los colaboradores del rey, quien debilitado en su soledad sucumbió finalmente ante el intenso fulgor de la luz de la justicia y la libertad.

En todo caso, tan solo se trata de un cuento inconcluso.

 

Otra historia: el “diálogo”

En la transmisión del pasado 11 de abril del programa de Radio Caracas Radio Aquí entre tú y yo –conducido por Nitu Pérez Osuna–, el monseñor Ovidio Pérez Morales acertó al señalar que la reunión llevada a cabo el día anterior en Miraflores –entre representantes del gobierno nacional y algunos políticos de oposición– no fue un diálogo sino “una exposición de posiciones o contraposiciones”, lo que describe muy bien la naturaleza de ese evento por dos razones: el que los políticos de la alternativa democrática asistentes no representaron a todos los sectores de la oposición y el que reiteradamente diversos voceros del gobierno –durante los días previos al encuentro– se empeñasen en afirmar que no iban a “pactar”.

Sin embargo, vale la pena detenerse a reflexionar sobre la importancia del feliz acontecimiento; feliz, porque después de 15 años de una sistemática labor del gobierno por enmascarar su talante totalitario, los argumentos de algunos de los participantes, como la piedra del sueño de aquel remoto babilonio, terminaron de pulverizar ante la mirada del mundo los pies de hierro mezclado con arcilla del socialismo del siglo XXI –ya fracturados por la valiente actuación de la juventud democrática e indiscutiblemente pacífica del país–.

Como ejemplo basta mencionar la brillante intervención de Henry Ramos Allup, quien en escasos minutos desmanteló pieza por pieza el mito creado alrededor de un modelo cuya implementación –en contra de la voluntad popular– ha precipitado una debacle económica y moral de efectos dolorosamente palpables.

Y más aún, esos argumentos –aunados a la obstinación del gobierno nacional, que insiste en no reconocer el fracaso de su modelo– sirvieron además para fortalecer y reimpulsar la protesta cívica protagonizada por los jóvenes venezolanos, con la que hoy se intenta impulsar un cambio de rumbo para el país, que permita la construcción de un futuro pletórico de oportunidades para el desarrollo.

¿Quién está ahora desnudo?

 

Una historia que trágicamente no es cuento

La criminalización de la disidencia y de la libertad de expresión en Venezuela se pone una vez más de manifiesto con las absurdas acusaciones hechas en contra de Nitu Pérez Osuna, valiente comunicadora que sí representa a la honorable mujer venezolana: madres, esposas e hijas que tan merecidamente son admiradas dentro y fuera de esta tierra.

Mi incondicional solidaridad y mi mano amiga a Nitu.

 

*Profesional de la salud, investigador y docente universitario de posgrado.