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Pedro Llorens

Que me cuenten una de vaqueros

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Es posible que Corazón de mi Patria, comandante de todas las comandancias, inepto de todas las ineptitudes, intolerante de todas las intolerancias, fanático de todos los fanatismos, haya muerto sin haber dicho una sola verdad (ni siquiera al médico: dijo que le dolía la rodilla).

Entre las mentiras que nos dejó está la de Bigotón Pánfilo, un personaje que no puede ser de verdad, independientemente de que tenga o no partida de nacimiento, venezolana o colombiana. Todo él es un embuste, una ficción, venida de otro mundo a través de un pajarito, que ofrece recuento total de votos, reta al adversario a un debate sobre corrupción o plantea que las campañas electorales las pague el Estado y luego aparece silbando iguanas. Se desentiende de lo dicho y ofrece “la multiplicación de los penes”, sin discurso propio y sin entender el de Corazón de mi Patria, un híbrido entre el estilacho directo y confianzudo de los predicadores evangélicos y la fraseología solemne de José Vicente Rangel, importada de Chile.

Tan pronto como Bigotón Pánfilo fue informado por el directivo del Sistema de Orquestas –ese cargo que ostenta desde el 14 de febrero, día de los enamorados–, designado hace cuatro meses ministro de Energía Eléctrica, sobre el apagón del martes pasado, saltó como un resorte a redactar sus tweets –con falta de ortografía en uno de ellos– para acusar a la extrema derecha, “empeñada en debilitar nuestra Patria y en impedir que sigamos el camino de trabajo y prosperidad”, de retomar su plan de “golpe eléctrico” contra el país.

Es la misma extrema derecha apátrida, en la que incluye a María Corina Machado y al resto de los integrantes de la comisión parlamentaria que elaboró un informe sobre la tragedia de Amuay, a la que acusa de complicidad en un plan de sabotaje contra la refinería y la misma responsable de un plan para asesinarlo (“magnicidio el de mi general Pancho Villa”, habrán comentado en México), de un boicot de la película Bolívar, del pavoroso desabastecimiento de alimentos y medicinas en el país, de la crisis hospitalaria y de todo lo que ha colocado a Venezuela a la cola de los países que viene financiando.

Habría que pedirle a la Mesa de la Unidad Democrática que convoque una gran manifestación para exigir a Bigotón Pánfilo que a la hora de atapuzarnos de embustes –para colmo, repetidos hasta la saciedad por Twitter y cadenas de radio y televisión– lo haga a través de historias coherentes, amenas y bien contadas, una de vaqueros de ser posible.