• Caracas (Venezuela)

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Heinz Sonntag

La crisis llamada antipolítica

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La situación de nuestro país está deteriorándose a pasos rápidos y grandes. Hoy no me voy a referir a los problemas que tenemos que soportar los venezolanos todos los días: el desabastecimiento, la inflación, la inseguridad personal, para nombrar los que destacan en las encuestas como los que más sufre nuestra sociedad. A esto hay que agregar lo que está pasando en el ámbito político, deteriorándolo a manos del Poder Ejecutivo y sus compinches prácticamente todos los días. La base formal ha sido construida bajo el mando del “comandante eterno”. Fue él quien, en los primeros años de su mandato, hizo todo para establecer un marco institucional que, aparte de ser anticonstitucional, perjudicó todas la relaciones políticas de nuestra sociedad. El ejemplo más claro de ello fue la eliminación de la autonomía e independencia de los poderes del Estado: de hecho, los poderes Legislativo y Judicial fueron convertidos en departamentos del Poder Ejecutivo, para no hablar de la Fiscalía y la Contraloría generales. En este marco institucional las relaciones de los ciudadanos con el Estado sufrieron un deterioro que, con el correr de los tiempos, fue agravándose cada vez más. Estas relaciones se amoldaron a los patrones que los regímenes totalitarios, especialmente el nacionalsocialismo, el fascismo y el comunismo de estilo soviético-stalinista habían venido estableciendo cuando se impusieron en los primeros 40 años del siglo pasado en países como Alemania, Italia y España y en Rusia que, después de la Segunda Guerra Mundial, logró en las negociaciones con los demás líderes de los Estados que integraban la coalición de los Aliados, el dominio y la imposición sobre los países del Este de Europa.

Al inicio de la modernidad en los siglos XVII, XVIII y XIX las sociedades se liberaron de las monarquías absolutas y establecieron sistemas políticos que a la postre resultaron democracias. Uno de los principios que  impulsaban los pensadores de esa época fue la regulación de las relaciones entre los ciudadanos y el Estado vía la aplicación de las constituciones y de los sistemas judiciales que las acompañaron. En el siglo XX, estos procesos continuaron, con las excepciones arriba mencionadas. El hecho de que las sociedades de América Latina pertenecen al ámbito de la cultura de la modernidad occidental implicó que en sus procesos de independencia se regularizaron también en ellas las relaciones entre los ciudadanos y el Estado, aunque en una forma menos completa por la dinámica del sistema-mundo la cual ubicó a nuestras sociedades y las de muchas otras partes del mundo en condiciones de dependencia y subdesarrollo. Las sociedades latinoamericanas tuvieron los procesos de independencia en el siglo XIX que les permitió alcanzar mayores éxitos en la conformación de Estados nacionales y, aunque en medida menor, del tipo de relaciones entre ciudadanos y Estado que reinaba en los países desarrollados. Venezuela es un país en el cual se implantaron las relaciones políticas en la primera mitad del siglo XIX.

Estas relaciones, altamente formalizadas por constituciones y sus correspondientes sistemas judiciales, fueron las que marcaron los procesos políticos en nuestro país desde el inicio de su modernidad con la Revolución de Octubre de 1945 y, más todavía, a raíz del derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez en 1948. Durante los siguientes 50 años las relaciones entre los ciudadanos y el Estado, mediatizadas por los partidos políticos, se desarrollaron exitosamente, aunque con ciertas deficiencias que se presentan en todas las democracias.

Entre comienzos de la década de los 80 y el año1998 se presentaron numerosas fallas en el funcionamiento de nuestra democracia las cuales hicieron que las relaciones ente los ciudadanos y el Estado experimentaran una ruptura, principalmente porque los partidos políticos no siguieron del todo procedimientos siempre claros en su rol de mediadores de las relaciones ciudadanos y Estado. Ello desembocó en lo que he caracterizado como regresión democrática, intentos de golpe de estado incluidos.

La victoria de uno de los comandantes de los intentos en el año 1998 marcó el inicio de un nuevo período, algunas de cuyas características hemos mencionado arriba. El gran movimiento de la Alternativa Democrática a partir de la derrota del intento de Chávez de imponer cambios en la Constitución a imagen y semejanza de la cubana y de la formación de la Mesa de la Unidad Democrática provocó un endurecimiento del manejo del Estado por parte del Poder Ejecutivo. Una de las características de este período, todavía no concluido, es el aumento de la presión sobre los ciudadanos para convertirse en súbditos. El Poder Judicial es utilizado para justificar la represión contra los movimientos y especialmente el movimiento estudiantil que se ha alzado como en otras épocas de nuestra historia. También se ocupa de líderes políticos que persigue de una forma bastante descarada, víctimas y testigos de esto son Teodoro Petkoff y Leopoldo López, entre otros (por ejemplo estudiantes detenidos y torturados). El Poder Ejecutivo ha establecido, además, todo un sistema de espionaje y acoso a muchos ciudadanos que hayan expresado o manifestado su desacuerdo y hostilidad y a todos los que somos sus enemigos imaginarios o reales.

La resistencia y protesta de la Alternativa Democrática y de sus componentes como los partidos políticos y los movimientos de la sociedad civil organizada debe seguir, tanto en el pensamiento como en la acción. La unidad sigue siendo un imperativo, al igual que la propaganda que podamos presentar en las calles de nuestras ciudades y nuestros pueblos.