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Arnaldo Esté

La crisis general: crece el aislamiento de Venezuela

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La crisis general se le viene a uno encima. No hay que investigar mucho. Inflación, desabastecimiento, inseguridad, malos servicios, corrupción, militarización… todo eso, abundantemente mencionado y demostrado, obvia argumentos y reseñas. El gobierno sabe esto, ve su prestigio en caída y se manifiesta acorralado. Por eso le viene al pelo el decreto de Obama. Estados Unidos, apresado por sus hechos, guerras, invasiones, intervenciones y errores, ha generado una madeja gubernamental, un estilo y un lenguaje que portan significados que contrarían cualquier intención diversa. El hablar de amenazas contra su seguridad resulta un sinsentido al relacionarse con derechos humanos y corrupción en Venezuela.

No obstante el pleito con Obama ha colocado a Venezuela en el centro de la atención mundial, cuando en realidad lo que más le convendría al gobierno es hacer que su grave crisis pasara inadvertida. Pero la tradición de un lenguaje de gran dramatismo y altisonancia también lo obliga. Se insulta y amenaza hacia todos lados. Se convoca a la guerra, hablando de paz y una vez más se menoscaban las instituciones, evadiendo la propia Asamblea Nacional al imponer una nueva Ley Habilitante con propósitos oscuros que se podrían traducir en ventajismos electorales y represiones. Desde el muy mencionado incendio del Reichstag en 1933 por los nazis, acusando a los judíos y comunistas para justificar represiones, esas maniobras de distracción y justificación de represalias son conocidas.

Haciendo ese alboroto se esperó conminar a una solidaridad automática, nacional e internacional, especialmente de Unasur. Pero la respuesta ha sido muy tibia y evasiva de todas partes, llamando –a lo que yo y muchos otros también llamamos– al dialogo y la negociación y a la vía electoral, lo que de paso, niega anticipadamente cualquier golpe o autogolpe, de derecha, izquierda o ambidiestro. La guinda se la coloca la agresión al vicepresidente de Uruguay y las declaraciones torpes del embajador en la ONU.

Las otras ententes, tejidas muy cuidadosamente por el presidente anterior, también se agotan. El ALBA y Petrocaribe, muy dependientes de los intereses petroleros, sacan sus cuentas y oyen las propuestas del gobierno de Estados Unidos para remediarlos. Cuba, en particular –muy metida física, administrativa e ideológicamente aquí– buscando un imprescindible desbloqueo económico, ya estará planeando un desmarque elegante.

Así, el panorama visto desde alguna distancia, es la de un progresivo aislamiento. Un quedarse solo en el velorio en el que el muerto somos todos nosotros.

Pero el velorio podría transformarse en jolgorio si nosotros, tomando todo, realmente en nuestras manos, seguimos dos cursos: las elecciones parlamentarias y la presión para lograr ese diálogo, negociación y  entendimiento.


analdoeste@gmail.com | @perroalzao