• Caracas (Venezuela)

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José Guerra

La crisis alimentaria

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Venezuela sufre una crisis alimentaria la cual se manifiesta en las restricciones en el acceso a bienes fundamentales para los seres humanos. Estamos en presencia de déficitsagudos en carne de res y de pollo, harina de maíz, aceite vegetal, azúcar y leche en todas sus variedades, entre otros productos.  Esta situación de escasez está cambiando los hábitos de consumo de los venezolanos e imponiendoun conjunto de costos aparentemente ocultos, tales como los asociados al tiempo perdido en el peregrinaje de buscar los alimentos. En Venezuela, el consumidor se enfrenta al siguiente problema cuando sale a buscar los productos con precios regulados. Como existe desabastecimiento, el consumidor opta hacer la cola y finalmente accede al bien en cuyo caso el precio a pagar es el que marca la etiqueta del producto al cual hay que sumar el costo del tiempo malgastado en la cola. Si el consumidor decide no hacer la cola y comprar en el mercado negro, es decir en la economía informal, pagaría un precio que es al menos tres veces el precio regulado.

Esto sugiere que si no existiese el control de precios el consumidor compraría los bienes a un precio inferior tanto si hace la cola como si concurre al mercado negro. Por tanto, el poder adquisitivo del consumidor termina disminuido por esta distorsión enorme en la formación de los precios existente en Venezuela.  De esta manera, la ingesta de alimentos con toda seguridad va a disminuir, con los consiguientes efectos que ello acarrea sobre la población, en especial sobre los niños y los adolescentes en fase de desarrollo.

La crisis alimentaria que hoy padece Venezuela tiene varias explicaciones. La primera y más obvia es la destrucción de las capacidades productivas en el sector agroalimentario con motivo de las masivas expropiaciones y confiscaciones de fábricas, fincas, hatos y haciendas llevadas a cabo a partir de 2003 y que se tradujeron en caída de la producción de alimentos. Las últimas cifras disponibles del BCV, de septiembre de 2013, reflejan una contracción en la manufactura de alimentos de 1,3% respecto a 2012. Ello frente a una población que crece a un ritmo de 2,0% anual. Es decir, cada vez hay menos alimentos elaborados en Venezuela  para cada  habitante.

La segunda radica en un esquema de control de precios que liquidó los incentivos para producir, situación que propició que muchos productores se movieran hacia la producción de bienes no regulados o que simplemente cerraran sus empresas y se marcharan del país. Finalmente, las restricciones de las importaciones como política de Estado en 2013 y 2014, creó una insuficiencia en la oferta nacional dada la declinación de la producción local, en una economía adicta a los productos importados. Pero nada de esto es extraño al modelo socialista con su incapacidad crónica para incrementar la producción, justamente por la falta de incentivos y también por el ambiente anti empresarial que el marxismo leninismo propicia. Y todo ello en una nación petrolera con pretensiones de potencia.