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Douglas Ungredda

La credibilidad de maduro y su gobierno

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La prensa venezolana amaneció el día 24 de abril con titulares alusivos a una rueda de prensa del señor Nicolás Maduro, quien usando la jerga acostumbrada aseguraba que impulsarán otra “ofensiva económica” para satisfacer las necesidades fundamentales de Venezuela, porque a través de esta se dará “un gran salto económico” que integrará a todas la fuerzas de la nación.

En otro titular, el vicepresidente para el área económica, Rafael Ramírez, convocó a todos los sectores económicos del país para ampliar y fortalecer la producción nacional asegurando que “todas las condiciones económicas están dadas”.

Esta declaración del ministro Ramírez no tiene desperdicio, dado que podría enlazarse con su intervención en ocasión de la inauguración de la mesa del diálogo con la oposición en Miraflores, afirmando que el modelo económico socialista era profundamente exitoso (¿?).

¿No será precisamente el “éxito” de las políticas marxistas, el declarar en todo momento, urbi et orbi, que “todas las condiciones económicas están dadas”? Cualquier analista desconocedor de la realidad del país, pero que aprecie el “proceso revolucionario” con benevolencia, interpretaría la necesidad creciente de importaciones de alimentos, inflación y caída de las exportaciones como resultado de una coyuntura de crecimiento, donde el consumo doméstico crece gracias al gasto público y la inyección de medios de pago a una tasa mayor que el valor de su producción hasta llevar a la economía a punto de recalentamiento.

Pero cuando contrastamos este estado aparente de crecimiento gracias al gasto público, con evidencias gráficas de anaqueles vacíos, interminables colas de gente humilde y no tan humilde buscando bienes de consumo elementales, entonces se evidencia una economía con fuerte tendencia a la implosión. De una economía cuya población trabaja y no debe hacer colas para abastecerse a otra cuya población debe hacer colas interminables para comer, se derivan conclusiones diferentes. Un lector con un mínimo de memoria histórica asociaría las declaraciones de Ramírez y Maduro a coyunturas terribles, como las que vivieron Japón y Europa al término de la Segunda Guerra mundial. También en esos países si se quiere, “las condiciones estaban dadas” para una gran expansión de la producción.

La diferencia que marca el éxito de Japón y Europa con respecto al deterioro en la Venezuela de Chávez y posteriormente de Maduro, está en la credibilidad, al ser esta una variable necesaria para articular cambios y facilitar la implementación de políticas y proyectos de manera exitosa.

En el caso europeo, personalidades de estatura intelectual, como Konrad Adenauer, Jean Monnet, Alcide De Gasperi, entre otros, aunado a la presencia de un general Marshall, quien impulsó la reconstrucción de estas economías destruidas, fueron ingredientes fundamentales. Fue la credibilidad, junto con la inteligencia y el interés de estos líderes y del pueblo, unidos al dinero y el trabajo de todos, lo que produjo hechos concretos de prosperidad. El trabajo arduo venía de un pueblo que todo tenía por ganar y nada que perder, dadas las difíciles circunstancias del momento. Estos esfuerzos tuvieron altos y bajos, sobrevivieron la Guerra Fría y permanecieron para presenciar el colapso de las economías marxistas que pretendieron establecerse como modelos de desarrollo alternativo para la prosperidad de la sociedad humana.

Por el contrario, en Venezuela se está repitiendo la película que caracterizó la tragedia de los países comunistas de Europa Oriental y de la Cuba de Castro. En el caso venezolano, este fracaso se manifiesta de forma más estridente porque la abundancia de ingresos petroleros no se compagina con el malestar económico actual. Es la falta de credibilidad un factor fundamental que impide cualquier despegue. Esta falla de credibilidad se percibe y no permitirá mejoras en las expectativas, ni aun en el supuesto (negado) de un salto hacia arriba en los precios del petróleo, del cual el país deriva casi el cien por ciento de sus ingresos por exportaciones (que también están ahora en disminución y de forma sostenida).

Una combinación letal de limitaciones y complejos de sus altos funcionarios políticos, con visión marxista y/o retorcida de la realidad, junto al hecho de que se apropian de forma parasitaria del producto y de los esfuerzos de sus generadores (las confiscaciones de empresas y tierras productivas son casos notorios), así como ministros y políticos que exhiben de forma obscena un nivel de vida muy superior a sus ingresos, genera sospechas bien fundadas del destino de los ingresos petroleros, impuestos y endeudamientos, conduciendo a la pérdida total de credibilidad.

El señor Maduro, hoy día coordinador supremo de las políticas sociales y económicas de Venezuela, careciendo de credibilidad, así como sus colaboradores, hará que los resultados de sus iniciativas sean fallidos y que la población reaccione con escepticismo a las iniciativas propuestas.

Al final y como resultado de estas últimas declaraciones de Maduro y Ramírez, podríamos concluir de manera conservadora que el único salto que Venezuela podrá dar es una pataleta inútil en el precipicio en el cual ya está en caída libre, llevando el país de regreso a la edad de la piedra, mientras los altos personeros de la economía podrán seguir afirmando que las condiciones para la expansión de la economía están “dadas”.