El despertar de China
5 de mayo 2013 - 00:01
En el proceso de convertirse en una superpotencia económica y en el mayor centro mundial de manufactura, China ha desarrollado un voraz apetito por la energía y por materias primas de todo tipo. Actualmente el consumo de energía primaria de este tigre asiático representa más de 21% del consumo global, mayor que el 19% de Estados Unidos y que el 14% de la Unión Europea, mientras que su consumo de petróleo ya alcanza 11% del global, frente a 21% de Estados Unidos y 15% de la Unión Europea, y continúa aumentando mientras que el consumo petrolero en Occidente se ha estacionado. A pesar de ser un gran importador de energía y materias primas, China ha venido acumulando grandes excedentes en la cuenta corriente, sin duda apoyados por una moneda deliberadamente subvaluada. La política mercantilista ha permitido al país acumular riqueza en la forma de reservas internacionales de 3,3 trillones (billones métricos) de dólares, cifra que excede las reservas combinadas de Japón, Arabia Saudita, Rusia y Alemania. Pero no obstante su éxito económico, el PIB per cápita de China es todavía apenas una décima parte del de Estados Unidos y entre la población trabajadora, el PIB per cápita de Estados Unidos es 11 veces mayor que el de China.
China tiene debilidades estructurales que muy probablemente reducirán su tasa de crecimiento económico. Su población crece lentamente como resultado de la política-de-un-hijo, lo cual afecta adversamente el crecimiento económico a menos que la productividad de la fuerza laboral aumente en la misma medida. Además está la gran dependencia de inversiones y exportaciones, que representan 70% del PIB. Las exportaciones han perdido su lustre por el bajo crecimiento económico del Occidente y las inversiones dependen mucho de las exportaciones. El Gobierno está tratando de rebalancear la economía hacia el consumo interno, el cual representa sólo 35% del PIB, pero cambiar los hábitos del habitante promedio no es fácil, en especial por no existir planes de seguro social.
China, como la segunda economía mundial, está ávida de proyectar su poder. Es sin duda un gigante en muchos aspectos, incluyendo el de emisor de CO2, pero ¿es un gigante afable o agresivo? En palabras de Napoleón Bonaparte: “Es un gigante dormido. Déjenlo dormir, porque cuando despierte sacudirá al mundo”.

