• Caracas (Venezuela)

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Ramón Hernández

El costo del precio

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Con lo que cuesta una botellita de agua potable de 300 cc se puede pagar un tanque de gasolina y todavía sobran unas monedas para darle una sustanciosa propina al personal de la estación de servicio. Los economistas y los matemáticos han sacado todas las cuentas posibles, han diseñado algoritmos, ecuaciones y funciones, binomios y trinomios, y hasta simples reglas de tres y no han entendido por qué el triunvirato Cabello-Maduro-Ramírez prefirió pagar el alto costo de una impopular devaluación de 46% que ajustar el precio de la gasolina, que se ha convertido en el gran tabú del mamotreto denominado quinta República.

Todos los números indican que con la gasolina sucede lo mismo que con el pasaje del Metro, la electricidad y muchos otros servicios públicos, que saldría más económicos regalarlos que sufragar los gastos administrativos en los que se incurre para cobrarlos. Si la ley entrara por casa y junto con el precio de venta de la gasolina de 95 octanos se exhibiera el precio de costo, porque es público y notorio que una gran cantidad de la gasolina que se expende en el país es comprada en el exterior con los dólares preferenciales que administra Cadivi o sus sucedáneos, el usuario –como escribirían los fablistanes de AVN– se percataría del descomunal derroche gubernamental. Por ejemplo, el jueves pasado, a las 7:54 am, un galón de gasolina en la estación Exxon, en 11430 Rockville Pike & Nicholson Lane, en Maryland, Estados Unidos, costaba 3,89 dólares. Un galón equivale a 3,78 litros. Multiplique y obtendrá que los 35 litros con que llena el tanque de su automóvil le costarían 36 dólares, que al nuevo cambio oficial serían 226,91 bolívares. Usted se ahorra, gracias al régimen bolivariano, 223 bolívares. Guau.

Lástima que con ese dinero, como ocurre desde hace 50 años en Cuba, no puedan comprarse los productos de la dieta diaria ni las medicinas que se necesitan a diario. No hay harina de maíz ni aceite y el café escasea. Tampoco hay Berodual, solución en gotas, tampoco Glucofage ni suero fisiológico, entre muchos otros desaparecidos. Antes en las farmacias colocaban un aviso con las medicinas agotadas, ahora lo ponen también pero con las pocas en existencia. La gran alegría es que tenemos gasolina casi gratis para irnos a la playa para olvidar las cifras de la inflación.

Quizás en esa enorme diferencia negativa que hay entre el precio de costo de la gasolina y en el de venta esté la clave no sólo del fracaso gubernamental sino del ideológico. No se puede destruir un sistema del cual se desconoce su funcionamiento, cualquier intento de modificarlo o demolerlo puede resultar en la implantación de la peor versión del capitalismo que se pretende exterminar, que es, verbigracia, el capitalismo de Estado con morisquetas de socialismo. Vendo catecismo y manual para administrar cantinas sin llevarlas a la quiebra. No fío.