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Alberto Soria

Dos copas por el profesor Renaud

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Su retrato no está colgado en ninguna bodega. Menos aún en los wine bar. Tampoco aparece en los restaurantes donde reina hoy el vino.

Cuando se fue en silencio, hace dos semanas, lo hizo rodeado de familiares, alumnos y colegas. Estaba en su casa, en la región vitivinícola del Médoc, cerca de Burdeos. Le faltaban pocas semanas para cumplir 85 años. Sobre su féretro pusieron la Medalla de la Legión de Honor, la más alta condecoración de Francia creada por Napoleón Bonaparte.

La recibió años atrás del Gobierno de Francia, cuando advirtieron (tarde) que este personaje, que parecía más un modesto médico de provincia que un visionario, explicando una definición que él inventó (“la paradoja francesa”) había modificado la visión de la ciencia y la sociedad moderna sobre el vino.

Si el vino es una tendencia mundial en auge hoy, se lo debe a Renaud. Y a la multitud de investigaciones científicas que su teoría desató hace 20 años.

 

I

“Si yo no hubiera vivido con mis abuelos y bisabuelos en un viñedo cerca de Burdeos, tal vez esta idea no hubiera ocurrido a mí”, reflexionó Renaud hablando en 2000 para la revista médica The Lancet.

Habría pasado desapercibido en las ferias mundiales sobre vinos. No buscaba el flash. Se cubría la cabeza con un típico pequeño sombrero que los campesinos de la región usan cuando van a las ciudades.

Su teoría salió del consultorio y la cátedra y llegó a la calle, las cocinas, las bodegas y los restaurantes, cuando lo invitaron en 1991 a 60 Minutos, un popular programa de la televisión norteamericana. El vino tinto es mucho más que vino, comentó a su anfitrión Morley Safer. “Es la explicación de la paradoja francesa”, dijo antes las cámaras.

A los norteamericanos y al mundo en general les parece absurdo (paradojal, dijo) que los franceses, comiendo en su estilo y bebiendo vino, tengan menos enfermedades cardiovasculares que Finlandia o Estados Unidos. La explicación no está en los genes, está en la dieta diaria. La del Mediterráneo.

 

II

Cuando en 2002 participó en Chile en un congreso médico internacional, Renaud sostuvo que, además de antioxidante, el vino protege contra el cáncer. Una o dos copas de vino al día vuelve el organismo más resistente frente a los factores que pueden derivar en el crecimiento maligno de las células, destacó. Lo comprobó estudiando a 36.000 pacientes. Por eso, lector, esta noche, una copa de tinto a su memoria. Se la debemos.