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Froilán Barrios

Contratos colectivos, salarios e inflación

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El recién decretado aumento presidencial del salario mínimo de 10% coloca en el debate la relación entre salarios e inflación para el presente año 2014 y la disposición del Ejecutivo nacional, anunciada en cadena, de discutir todos los contratos colectivos vencidos en el sector público, ante una mora de casi 8 años y de 400 convenios colectivos de ministerios, gobernaciones, alcaldías, institutos autónomos, fundaciones y empresas del Estado. Lo que establece que el presente año será un período de profunda dinámica laboral y de intensas movilizaciones para obtener un trabajo digno, hoy devaluado, en un sector que agrupa a 2.500.000 trabajadores.

Ahora bien, no es menuda la tarea gubernamental ante pasivos laborales acumulados desde mediados de los noventa y asumidos por la actual gestión desde 1999. Se requiere una política laboral integral no solo para los trabajadores públicos, para toda la población activa de  13.500.000 (formales, informales y desempleados), para los 2.550.000 pensionados del IVSS, para los 3.000.000 de trabajadores que perciben ingresos por misiones que deambulan en el mercado laboral, y para los 150.000 jóvenes que se incorporan anualmente al mercado de trabajo.

Seguir manipulando mitos y utilizar la poderosa maquinaria mediática estatal para difundir a escala nacional e internacional que disfrutamos un paraíso laboral es un descaro y una burla a la condición humana. Por ejemplo, presentar el aumento salarial mínimo como aumento general para la población activa, cuando solo tiene efecto en aproximadamente 3.500.000 de la población formal, o mencionar la discusión de los contratos colectivos que cubre solo a 15% de la población activa o a 33% de la población formal.

En otro orden, seguir ufanándose de que tenemos el salario mínimo (SM) más alto de América Latina es un espejismo del tamaño de una catedral ante una inflación que corroe cualquier nivel de ingresos familiares. Aparte de no ser cierto, nuestra disparatada economía ofrece mercancías a un salario devaluado por la escasez de divisas y el dólar paralelo, si no, divida los 523 dólares equivalentes hoy a 3.270 bolívares  (SM) entre 6,30 bolívares o el accesible en el diario mercado negro, y vivirá en carne propia la triste realidad.

De allí que la inflación acumulada de 2013 tasada en 56% y 70% en alimentos, y la proyectada para 2014, de alrededor de 40%, pulverice cualquier ingreso familiar y ponga pies en polvorosa a cualquier contrato colectivo, por muy bueno que este sea, si no hay políticas públicas que frenen la inflación y restablezcan el poder adquisitivo.

En Venezuela en las décadas de los sesenta, setenta y hasta ochenta del siglo pasado, con su salario, el trabajador era capaz de obtener las populares tres C; casa, comida y carro y hasta vacacionaba con su familia. Hoy no le alcanza ni para una. Por tanto, la peregrina respuesta gubernamental no puede ser la invención de guerras económicas, sino verse en el espejo de países como Perú, Chile, Brasil, Panamá, Colombia, que aun con todos sus problemas se orientan a la prosperidad social y económica.

*Movimiento Laborista