La contaminación no toma vacaciones
8 de agosto 2012 - 15:01
El paréntesis escolar hace que millones de niños y jóvenes queden sin agenda obligada por meses. Los docentes y otro personal educativo también hacen un prolongado alto en su labor. Y a ellos se unen cientos de miles de parientes que sincronizan sus vacaciones con el calendario de los involucrados en la educación.
El país de vacaciones. En la búsqueda feroz de un lugar a donde ir, millones se lanzan a la naturaleza o, al menos, lejos de su casa y la rutina urbana, del aire plagado de CO2, ruidos, apagones y alienante tráfico. Buscan un ambiente estimulante, sano y vital, sin contaminación.
Quieren disfrutar de uno de los 12 países del mundo con mayor diversidad biológica. Y es entonces cuando evidencian que esa descollante naturaleza nuestra está expuesta al acoso y deterioro constante por la débil formación ambiental ciudadana y la ausencia de sistemas efectivos de protección y control de áreas naturales. Actividades contaminantes se hacen impunemente en espacios naturales del país que en período vacacional reciben la más elevada presión de uso. El Caribe baña más de tres mil kilómetros de nuestra costa marina.
Muchos usuarios dejan residuos sólidos en playas de ese litoral, contaminación que "se ve", pero lo esencial es invisible a los ojos. Bellas playas de esa zona no son "aptas para el contacto humano" por los altos niveles de bacterias en sus aguas, y año tras año, no cambian su clasificación de NO APTAS.
Alguien no está haciendo su trabajo. Aguas negras siguen llegando al mar, sin tratamiento, y tornan playas en pozos sépticos. Los coliformes fecales en el agua no se ven, pero impactan la salud de quienes las usen.En el lago de Maracaibo, el más grande de Suramérica, no hay una sola playa apta y la superficie de sus aguas está cubierta por el manto mortal de la lemna, síntoma de eutrofización acelerada por exceso de nutrientes. Aunque viven a orillas de un espejo de agua de diez y seis mil kilómetros cuadrados, los zulianos deben emigrar para disfrutar de playas y aguas de calidad. Las montañas de la Cordillera de la Costa alojan buena parte del 14% de las especies de aves del planeta, que habitan el país junto a otras miles de especies de flora y fauna; pero son cada vez un hogar menos apropiado para ellas.
El parque Henri Pittier de exuberante selva húmeda, sufre deforestación, invasiones, construcciones ilegales y contaminación por basuras y agroquímicos, que dañan ese pulmón vegetal que transitamos camino a Choroní.
En la Sierra de Perijá, hogar del escurridizo oso frontino, el parque nacional está en desamparo.Como en otros parques del país, no hay guardaparques ni remotamente suficientes; los pocos carecen de vehículos, equipos y tecnologías de información y comunicaciones (TIC) que viabilicen su gestión. Sometidos a invasores de todo tipo, algunos guardaparques han sido incluso asesinados en esos parajes olvidados por el Estado.
Esos parques nacionales son parte del 16% con alguna figura legal especial, buscando facilitar la gestión de cuido que debieran hacer y NO hacen, organismos de Gobierno creados para ello. Un buen número de actividades degradantes se realizan ilegalmente en esas "áreas protegidas" a pesar de la ley.
Descuidados y sin seguridad, no hacen honor a esa denominación. No se destina suficientes recursos para su cuidado, a pesar de ser éste el Gobierno que más recursos ha tenido en nuestra historia republicana. En las alturas montañosas nacen, limpias, las aguas que alimentan al lago de Maracaibo y las que hacen del río Orinoco, el sexto en caudal y tercero más largo del mundo. Esa agua no salobre, en su recorrido, va perdiendo condiciones al recibir residuos de ciudades y pueblos, y agroquímicos, entre lo mucho que termina en los ríos, caños y quebradas por las que el agua se abre camino al mar.
A sus riberas muchos venezolanos acuden por sano esparcimiento y terminan bañándose en aguas que semanas más tarde afectarán su salud. Dejan huella contaminante en esas riberas y hasta altares de santería, como abundan en cercanías del embalse La Mariposa Miles de vacacionistas van al sur del Orinoco, al macizo guayanés (la formación rocosa más antigua del planeta), a la Gran Sabana y a los tepuyes, que solo existen acá y en Brasil. Esos parajes remotos son también vulnerables frente a la arremetida contaminante de visitantes, en gran medida desinformados y desconsiderados con los procesos ecológicos y sistemas naturales en esos espacios. Los vacacionistas son recibidos allí sin eficaces sistemas de información, prevención, educación ambiental y protección de esas áreas.
El lógico deseo de disfrutar la naturaleza se convierte en desencuentro y a veces en frustración. La ineficiencia del Gobierno cobra ahí su más dramático y alto precio. Venezuela es un país andino, amazónico, caribeño y llanero, con miles de especies botánicas y animales que lo habitan, una biota de la que dependen no solo nuestras vacaciones al aire libre, sino también nuestro bienestar presente y futuro. El país es un privilegiado espacio cuya belleza y significación nos obliga a todos a ser responsables y conservarlo.
Conducta ciudadana ecológica y un mucho mejor Gobierno, necesita con urgencia la naturaleza del país.

