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Elías Pino Iturrieta

La contagiosa intolerancia

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Los políticos deben cuidar sus palabras, pero no estamos señalando nada nuevo. Basta un vistazo a las máximas escritas por el padre Gracián en el Siglo de Oro para ver cómo insiste en la prevención de desembuchar frases adecuadas, no vaya a ser que topen con lo que no han salido a buscar. Nunca sobra el cuidado de pensar antes de hablar, especialmente si el orador se dirige a grandes audiencias, insiste el sabio jesuita que alcanzó fama por sus descarnados y cristalinos consejos. Se supone que una advertencia tan antigua forma parte de la educación de quienes tienen la necesidad o las ganas de discursear desde un estrado, aunque puede saltarse a la torera por el tamaño de la verdad que en ocasiones sale de las lenguas que pierden el freno. Igualmente puede provocar escandalosos actos de contrición.

En la historia de Venezuela hay un caso proverbial en este sentido, que dio a su protagonista, Félix Bigotte, una fama de oportunista debido a la cual opacó su labor en faenas intelectuales de primera línea. Bigotte redactó un panfleto terrible contra Guzmán Blanco, El libro de oro, que ocupó la vanguardia de la reacción en los tiempos de Linares Alcántara. Fue muy duro contra el Ilustre Americano, sin imaginar que el criticado tendría después nuevos tiempos de gloria y poderío. Cuando regresó por sus fueros don Antonio, Bigotte no solo corrigió lo que había escrito, sino que también llegó a afirmar en el Congreso, ante la presencia de los diputados y de los redactores de los periódicos, que Venezuela vivía, debido a una espléndida ofrenda del destino, “el siglo de Guzmán Blanco”. Se sabe que el retornado mandatario no se andaba por las ramas a la hora de cobrar las afrentas de sus adversarios, hasta el punto de encerrarlos en La Rotunda en medio de privaciones sin cuento. Los que busquen una explicación de la voluble conducta, deben mirar hacia el terror de una época y de un hombre despiadados.

Pero las explicaciones sobre arrepentimientos de la actualidad no siempre se deben atener al terror por las represalias de un gobierno dictatorial, aunque encuentren origen en ellas. La intolerancia del chavismo frente a la opinión de sus rivales ha llegado al extremo de generar condenas lapidarias, acusaciones sin apelación, insultos a mansalva y procesos por delitos de opinión que pueden provocar penitencias como la del señor Bigotte. Sobran evidencias sobre el particular, entre ellas los saltos de talanquera, pero el problema no radica únicamente en lo que la conducta del poderoso encierra de monstruoso en su esencia, sino también en la posibilidad del contagio. ¿No se advierte la infección en las respuestas recibidas por un político conocido, Ramón José Medina, debido a unas declaraciones que expresó sobre la prisión de Leopoldo López, otro político de prestigio y de primera importancia en las filas de la oposición? Las contestaciones no ahorraron ningún tipo de dicterio, prodigaron descalificaciones que obligaron a una rectificación automática antes de que se anunciara la alternativa de que el futuro reservase La Rotunda para unas frases apresuradas. Como se sabe y por desdicha, la tempestad de improperios surgió de los ubicuos adalides que reclaman libertad y democracia todos los días y desde todos los rincones, de los campeones que no se cansan de denunciar la atmósfera dictatorial que nos envuelve.

Si la MUD se encuentra hoy ante el desafío de una revisión de su papel deberá examinar los desaciertos del conjunto, pero especialmente las tonterías sin destino exitoso que se han producido por la miopía y por el egoísmo de algunos de sus líderes. La operación producirá un vendaval de vituperios como los que recibió Medina, en caso de que busque el derrotero de las cuentas claras, que no pocas veces son brutales; y si, como parece, la obcecación que ha caracterizado al chavismo ya es cizaña arraigada en la parcela de la otra orilla. Ya que no actuarán como Bigotte, ¿lavarán la ropa en galante y hermético torneo, para evitar las furias de una masiva inquisición que calca los procederes del gobierno? Casos como este no fueron contemplados por el Oráculo de Gracián, quien no tuvo ocasión de escribir sobre un episodio tan colectivo y peligroso de intolerancia.