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Jonathan Reverón

El consejo de Abreu

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Me adelanto al comentario de algún forista o quien me conozca que diga: “Claro, él es amigo de ellos”. Sí, soy amigo personal de los Dudamel y a veces me siento un miembro del Sistema, institución para “el Estado”, un término que aprendí a digerir mejor después de que hace casi cinco años cubriese como periodista para la radio y la prensa mi primer concierto con la Sinfónica Simón Bolívar y Gustavo. Era en el estadio Luis Aparicio de Maracaibo, la gira se llamaba Al encuentro con Venezuela, el espacio estaba abarrotado de zulianos, en su mayoría de estratos humildes. Y una cosa, de todo lo que ocurría, me llamó profundamente la atención: conforme se presentaban autoridades, antes de iniciar el concierto, el público discriminaba sus abucheos, todo aquel que representaba poder fue descalificado, el maestro Abreu y Dudamel fueron, en contraste, aplaudidos.

El Estado no es el PSUV ni Maduro, ni era el difunto Chávez, tampoco Lusinchi (primer presidente del que tengo memoria). El Estado es usted, lo soy yo, la señora que en este momento cruza la esquina con ocho kilos de harina de maíz precocido, es la guacharaca que me desconcentra al escribir, el Estado venezolano es todo lo que se mueve en medio de ese paisaje que no nos cansamos de exaltar. José Antonio Abreu (doctor honoris causa de muchas universidades, ni hablar de los reconocimientos dentro y fuera que lo avalan académicamente como una persona de conducta proba) ama ese Estado, conoce este país palmo a palmo, con la agudeza cabal del andino, ha dedicado su vida a mejorar la vida de millones.

Muchos envidiamos de nuestros vecinos algo llamado “política de Estado”, algo que trascienda en el tiempo, un plan en común, algo construido por todas las partes. A lo largo de 39 años la diversidad del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela ha convencido a cada administración de que su responsabilidad es la de velar por el bienestar a través del poder transformador de la música. “La música es un derecho universal”, se lee en muchos de esos pasillos.

“Maestro –le pregunté una vez–, ¿qué le dice al país que no tiene fe en su futuro?”, y me dijo: “Nadie puede dudar del futuro de Venezuela. El futuro está garantizado por la excelente ciudadanía del país y por la inmensa voluntad de trabajo. El venezolano es diligente, inteligente, visionario, el venezolano sueña. Mi mejor consejo es amar, servir y soñar”.

Cada vez que se golpea a esa institución y sus integrantes se está golpeando a cientos de miles de familias venezolanas; cada vez que vean a un joven venezolano yendo con su instrumento a un núcleo de educación musical a cantar, tocar y luchar, multiplique por 500.000.