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Pedro Conde Regardiz

¿Cómo conjurar la crisis? (III)

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Cuando voceros del Gobierno y su caja de resonancia en Argentina alegan que la Oposición debería ayudar a gobernar al que ganó las elecciones, trasladan mecánicamente la experiencia de otros países, sobre todo, avanzados, donde ambos sectores conviven democráticamente  y deciden unidos las políticas de estado, pero tales conductas políticas tienen lugar cuando se trata de dirigir el mismo sistema político-económico, tratándose de algo así como de una competición donde cada cual quiere hacerlo mejor que el otro para tener más ocasiones de ejercer el poder mediante la aprobación ciudadana.

De esto no se trata en Venezuela. Reiteradamente dirigentes políticos gubernamentales insisten en instrumentar otro sistema político-económico: “socialismo del siglo XXI”, que presentan como un éxtasis místico, como el futuro paraíso de amor, fraternidad, igualdad, “un mar de felicidad”, pero, hasta ahora, ha implicado prácticas totalitarias mediante la ampliación del ámbito del estado en todas las áreas de la sociedad venezolana, convirtiéndose en maquinaria mohosa, de controles, prohibiciones, aspirante a producir multitud de bienes y servicios con un altísimo costo de funcionamiento, despilfarro de recursos,  ineficaz administración, corrupción por doquier, pues la pretendida mística revolucionaria es una voracidad de los fondos públicos, provenientes, en parte,  de endeudamiento insensato ante inusitados y crecientes ingresos petroleros. Han cerrado más de 8.000 empresas, desocupación, creación de empleo en otros países con las masivas importaciones, promueve “fuga de cerebros” al preferir mano de obra importada mediante cuestionables acuerdos de cooperación y realización de obras por empresas foráneas habiendo aquí la organización, la tecnología para realizarlas.

De todo lo cual ha brotado la convicción generalizada en la ciudadanía que hay un proceso de reducción a la pobreza, puesto que se golpea diariamente el estómago con la inflación provocada por exacerbadas devaluaciones, y difícilmente se consiguen numerosos alimentos, medicinas, piezas para vehículos y maquinarias, insumos indispensables para hospitales, acompañados de fuerte restricciones a la libertad de prensa para impedir que resuene el clamor de las vicisitudes sociales y, más grave aún, se busca “paz”,pero como acechanza, atisbo de limitada ciudadanía, esto es, ciudadanos eunucos, como en Cuba, desnutridos, sufriendo racionamiento alimentario, precaria salud, desdentados, sin actuar pluralmente en el espacio público ni comunicar libremente sus ideas. Semejante deshumanización llaman “hombre nuevo”.

Han tratado de destruir las leyes de la naturaleza deteniendo el progreso al buscar el knowhow para implantar totalitarismo y hacer posible este “hombre nuevo”: la injerencia cubana en las FAN, ministerios, y en todas las instituciones públicas, convirtiéndose en una “fuerza de ocupación”, estructura donde radica el verdadero poder- hacer en el Gobierno para cambiar el sistema político-económico, creando un estado opresor, por su ineficacia y carácter represor. Puede decirse que se paga un “diezmo” por la relación neocolonial: 80.000 barriles diarios de petróleo; importan víveres, medicinas, equipos, al través de onerosa triangulación cubana. En síntesis, es la dominación que buscaban cuando fueron derrotados en la lucha guerrillera de los sesenta en el siglo pasado. Para colmo, China censa nuestra riqueza minera, conocimiento que utilizará para lograr contratos, abastecer su industria  a costa de Venezuela, que, además, nota dejadez en la reclamación territorial: Guyana apoyó a Maduro apresuradamente. La nación está en riesgo.

¿Por qué tal programa disolvente?  La lucha estudiantil es por nubarrones que ven en su futuro profesional y en el desarrollo de la sociedad venezolana. Aquí no se puede imponer un modelo con bayonetas. Atinado es buscar un acuerdo entre todos y seguir avanzando establemente.