• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

También confiscaron el miedo…

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Lo que comenzó como simple protesta estudiantil se ha ido convirtiendo en una gran manifestación nacional de repudio al régimen en las principales ciudades del país, gracias al pésimo manejo de la situación que se les escapa de las manos a los capitostes de la revolución. La mentalidad autoritaria de los civiles y militares de la revolución bolivariana les brota por los poros. No conocen otro tipo de actuación distinta de la represión animal contra civiles desarmados.

El sanguinario salvajismo demostrado por las fuerzas de seguridad como por los mal llamados “colectivos”, que no son otra cosa que grupos paramilitares con patente de corso para actuar, han enervado más a la gente que ha respondido sumándose, de manera voluntaria, en apoyo a los estudiantes agredidos, maltratados, vejados no solo en su integridad física (como el caso de la violación de un estudiante utilizando el cañón de un fusil), sino también de palabra y con métodos de tortura prohibidos por las convenciones internacionales sobre derechos humanos y la propia Constitución Nacional.

Amén de la utilización de “infiltrados” afectos al oficialismo para hacer ver que los que han causado destrozos en algunas instituciones públicas son los estudiantes que, por cierto, no han mordido ese peine y se mantienen firmes en sus acciones pacíficas de reclamo democrático por lo que consideran justo, lo que sería considerado natural y normal en cualquier democracia del mundo. Afortunadamente, ante el vergonzoso blackout informativo acogido “voluntariamente” por la radio y la televisión criolla, han sido los medios internacionales los que han dado cuenta (detalladamente) de la vergonzante y cobarde actuación de Maduro y su camarilla para bloquear la información de lo que está sucediendo.

El gobierno le teme tanto a la opinión pública que está actuando de manera similar a cualquier dictadura, bien sea esta de izquierda (comunista) o de derecha, de las que hemos conocido en Latinoamérica y en el resto del mundo. La fachada democrática se les cae sin pudor alguno.

Ahora bien, a las acciones contestatarias contra el abuso, los atropellos y la crisis cada vez más profunda se ha sumado la sociedad entera cansada y harta de lo que ocurre, ante la inacción de quienes deberían atender los problemas que vuelven la vida cotidiana una empinada y tortuosa cuesta llena de lacerantes espinas que hacen sangrar las esperanzas de una vida normal en paz y tranquilidad. Hay un millón de razones para repudiar y, en consecuencia, reclamar, por una parte, el retorno a la democracia y, por la otra, que no se siga con la cantaleta de estupideces para justificar la palmaria incapacidad gubernamental para manejar los asuntos del país.

De otra parte, no puedo dejar pasar lo ocurrido con las desproporcionadas arremetidas contra Leopoldo López y María Corina Machado, que han sido tomados como conejillos de indias para amedrentar a los venezolanos, para tratar (pero no lo lograrán) de desmovilizarlos; es decir, llevarnos nariceados a la paz de los sepulcros impuesta a sangre y fuego.

Con Leopoldo López se equivocaron, aplicaron el repetido libreto del chantaje y el miedo, pensando que se iría del país y “el muchacho” les salió respondón, y ahora, por las torpezas y excesos de una fiscalía atenta y solícita a los mandatos de quien está en Miraflores, se les ha convertido no en una papa caliente, sino en un hierro al rojo vivo capaz de achicharrar y escaldar al más arrecho, por más guapo que se sienta.

El mundo entero ha repudiado la violencia desatada y sus terribles consecuencias. La imagen del “madurismo-cabellismo” está por el suelo, ya no pueden seguir ocultando los desmanes; que se quiten la careta de una vez, ¡carajo! Parece que le “tienen miedo al pueblo porque ya no tiene miedo”…