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Víctor Rodríguez Cedeño

Estado comunal, inconstitucional y falaz

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El régimen bolivariano insiste en profundizar su "revolución", desprecia no solamente la voluntad popular expresada en 2007 y el mismo 7-O, sino la Constitución Nacional y el orden jurídico, y reitera su vocación de forajido y golpista.

El chavismo adelanta un proceso de destrucción acelerada que abarca el país en su dimensión más amplia, también sus instituciones. De manera ilegal y engañosa se propone ahora, siguiendo las pautas de La Habana, reflejo de la más vil entrega de nuestra soberanía política a otras naciones, la implantación del Estado comunal, una forma de organización que aparenta descentralización en favor del pueblo y de las comunidades, pero que en realidad no lo es.

La concepción del Estado comunal parece fundarse en el pensamiento de P. J. Proudhon, quien se inspira, entre otros, en los socialistas utópicos de comienzos del XIX, Saint Simon y Fourier.

El pensador social francés, que desarrolla sus tesis sobre la economía y la propiedad; el mutualismo; el anarquismo, no como desorden y caos, por cierto, y la organización sindical, fue un crítico del comunismo al que calificó, con razón, de "espantajo".

En su folleto Miseria de la filosofía Marx, en respuesta a la obra de Proudhon El sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria, le critica duramente e, incluso, después de muerto el francés, le ataca y le califica de "pequeñoburgués" y "contradictorio en su pensamiento económico y social".

Si entre Proudhon y Marx se plantean profundas diferencias, más las hay entre el pensamiento de ambos y el chavismo, basado en una "ideología" claramente militarista que nada entre varias aguas con un solo objetivo, la perpetuación en el poder.

Proudhon, distintamente de lo que trata de implantar Chávez ahora, sugería una organización social en favor del autogobierno local, sea en la ciudad, en el campo, en la región, siempre en contra del centralismo, del dominio del poder central, precisamente lo que no quiere perder Chávez ni quisieron perder los soviéticos en su época, pero que terminó con el derrumbe de la Revolución comunista.

Entre el Estado comunal chavista y el planteamiento proudhoniano hay una diferencia fundamental. Proudhon planteaba la idea del federalismo social, es decir, igualdad, autogestión e independencia, mientras que el régimen chavista promueve la "descentralización social" para acabar con la "descentralización administrativa"; pero claramente con fines de dominación centralizada, instrumentada a través de las piezas del partido único y, lo que es más grave aún, con base en la construcción de una sociedad con un pensamiento político único para lo cual tratan de imponer el "nuevo hombre", iniciativa reflejada en las aberrantes reformas que proponen del sistema educativo que contradicen abiertamente los valores y principios democráticos.

El plan chavista supone que el "poder comunal", integrado por "designados" arbitrariamente por el poder central, elegirá los gobernantes regionales y locales, en violación clara de la Constitución y las reglas democráticas en las cuales se funda la República y funciona la sociedad venezolana desde siempre.

Ante ello los venezolanos parecen no entender la gravedad del planteamiento chavista y reaccionan con temor, entrampados en procesos electorales, el juego que propone el régimen para despistar, mientras radicaliza el proceso anticonstitucional y engañoso. El juego está hecho, las instituciones bien estructuradas en favor de la perpetuación de la "revolución" y no podemos aparentemente, sino aceptar las reglas y ejercer el derecho al voto, en medio de un sistema perverso y mal intencionado.

Pero, más que con temor, los opositores actúan con deshonestidad algunos y con torpeza otros.

Los Ojedas, los Ricardo Sánchez, reflejan la irresponsabilidad y el colaboracionismo (in) consciente, ante un vacío de liderazgo que parecía haberse concretado alrededor de Henrique Capriles quien, sin duda, había conquistado el corazón de los venezolanos, al plantear el camino a seguir.

Se destruye el país ante la mirada complaciente de muchos, la conchupancia de otros y las críticas de algunos que, quizás con buenas intenciones, promueven la abstención sin propuestas ni acciones serias y claras, lo que simplemente favorece la estrategia chavista que sólo mira al 16 de diciembre para teñir de una vez por todas de rojo el país y perfeccionar la destrucción de sus instituciones.