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Arnaldo Esté

Las competencias y la calidad de la educación

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En artículos anteriores me he referido a la baja calidad de la educación y a la necesidad de pasar de la educación informativa actual a una educación formativa. Y que formar significa lograr en el estudiante valores y competencias simultáneamente y en todos los niveles.

Escribí sobre valores primordiales: dignidad, participación, solidaridad, diversidad y continuidad con la naturaleza.

Ahora trataré las competencias.

Una competencia es la capacidad integral de hacer cosas. Se refiere a la vida personal y social de cada quien. Son infinitas, tanto como lo son las funciones humanas y cambian y varían de una cultura y momento a otro. Pero hay algunas básicas sobre las que se construyen muchas otras, en derivación y cultivo conjunto de valores, yendo de lo individual a lo grupal.

Podemos resumir, con muchos autores,  en unas cuantas e interdependientes básicas o genéricas:

Comunicación en la lengua materna: escuchar, hablar, leer y escribir.

Comunicación en lenguas extranjeras.

Competencia matemática para desarrollar y aplicar un razonamiento matemático para resolver problemas diversos de la vida cotidiana y profesional. Relacionar eventos pasados y por venir. 

Competencias básicas en ciencia y tecnología, utilización y  aplicación de conocimientos y metodologías para explicar la naturaleza y sentirse en continuidad con ella, así como a la creación y uso de instrumentos.

Competencia digital, que conlleva su uso seguro y crítico.

Aprender a aprender, competencia vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupos.

Competencias sociales y cívicas. Para la democracia, la participación, la solidaridad y la comprensión de la diversidad.

Para las expresiones culturales y el disfrute que de ellas se obtiene. Las ideas, experiencias y emociones a través de distintos medios: la música, las artes escénicas, la literatura y las artes plásticas.

En el aula tradicional y vigente pocas cosas ocurren. Mayormente hay un profesor dictando clases, informando y lo que se hace es convergente a esa acción, a ese rutinario hacer: silencio, pasividad y disciplina vertical, tareas para la casa en las que mayormente se termina aprendiendo con el apoyo de uno de los padres. De suerte que cuando estos no están ni tienen tiempo o disposición, los aprendizajes se reducen.

Hay acuerdo, en investigadores y en propuestas de la Unesco, en considerar que a las competencias convergen varios componentes: Saberes, conocimientos y experiencias. Actitudes. Habilidades y destrezas. Contextos específicos.

Los saberes, conocimientos y experiencias son de diversos  orígenes  y con frecuencia se acumulan. En general se desprenden de informaciones o actividades significativas porque inciden  en el acervo de la persona, sus valores, experiencias y saberes previos. Lo resultante es una fusión de lo que ya se tiene con lo que llega.

 Las actitudes son disposiciones subjetivas. Se es proclive o afín a una competencia.  Actitudes pueden ser cultivadas.

Las habilidades y destrezas son aprendizajes que reúnen lo psicológico con lo motriz, es decir son aprendizajes del cuerpo, de la integralidad de la persona

El contexto es el momento y el lugar en el cual se va a dar el desempeño. La competencia debe poder verificarse así, para un escenario definido.

Así que una competencia pertenece a la complejidad. Mucho más que  con la simplicidad de una abstracción racional, incluye una infinitud de detalles que no pueden abarcarse en una descripción o narración, por lo que deben practicarse para comprenderse y volver a realizarse. Al ser de esa condición su evaluación no se puede reducir a los términos de un examen escolar. Hay que atender al desempeño práctico del aprendiz y de su grupo.

Podemos hablar de aulas – taller que permitan una amplia variedad de acciones a lo que hay que agregar los recursos digitales.

Las tabletas y computadoras pueden ofrecer comunicaciones, modelaciones y simulaciones que figuran desempeños, hechos, actividades que, si bien no llegan a la complejidad que permite la ejecución corpórea, presencial, amplían grandemente las posibilidades de acción. Lo digital crece mucho más allá de una tecnología de la información y la comunicación. Emerge además como un valor, como un gran referente  en su condición de  poderoso instrumento que regresa a la sociedad. Tal como, a su vez, lo hiciera el libro multiplicado por la imprenta, para establecer la razón, y  desde ésta la ciencia, como criterio de verdad.